Etiqueta: violencia sexual

Sola, borracha, quiero llegar a casa

Sola, borracha, quiero llegar a casa

Llega la cuenta atrás para el 8M y este año se ha resaltado el lema tan gritado en las manifestaciones feministas y de apoyo a víctimas de agresiones sexuales “Sola, borracha, quiero llegar a casa”.

Me encanta. Sin duda es una de las reivindicaciones actuales más señaladas y necesarias del movimiento feminista: las agresiones sexuales y la culpabilidad de las mismas.

Esto me hace recordar muchas cosas. En primer lugar recuerdo cuando estaba en la ESO (creo que tercero) y vino una psicóloga que trabajaba con víctimas/supervivientes de agresiones sexuales a hablarnos sobre la violación. En mi memoria no tengo todo lo que nos dijo. Lo que sí quedó perfectamente es que nos comentó que mi barrio, el Actur, era donde el índice de violaciones era mayor de toda Zaragoza. También recuerdo que nos dio consejos para prevenir una violación. PARA PREVENIR.

Después de esta charla entró la paranoia en mi casa. Yo estaba en época de empezar a salir con mis amigas y cada vez que lo hacía tenía que realizar todo un ritual en el camino de vuelta a casa.

Llegar acompañada lo máximo posible. Si por lo que fuera, no salía con las amigas que vivían dos portales más abajo de mi calle, iba hablando por teléfono con mi padre o mi madre durante el camino. Cuando estaba de camino para casa, tenía que hacer una perdida. Doblaba la esquina, y ahí estaba, mi padre o mi madre asomados al balcón. Yo tenía que saludar en la distancia para que cualquier posible agresor viera que yo estaba vigilada. Empezaba a sacar las llaves. Cuando me acercaba al portal, tenía que llamar al timbre, aunque llevase las llaves en la mano, porque nos habían explicado que “pueden cogerte en el mismo portal y para que tu familia sospeche que estás tardando mucho en subir”. Y ya subía a mi casa. Y todes respirábamos tranquilamente porque había llegado a casa sana y salva.

Recuerdo esto muy nítidamente. Recuerdo que mi padre me iba a buscar a los sitios donde salía de fiesta para que no tuviera que volverme a casa sola de madrugada.

Recuerdo taxistas diciéndome “tranquila, espero a que entres en el portal” o pedírselo yo misma.

Recuerdo acelerar el paso en cuanto me separaba de mis amigas porque cada una se iba hacia su casa.

Recuerdo decir entre mis amigas “avisa cuando llegues a casa” y un whatsapp de “¿pero has llegado ya?”. O que mis amigos me lo pidieran a mí, pero yo no a ellos.

Recuerdo miedo cuando veía a alguien venir de frente por la calle. O cuando escuchabas a alguien caminado detrás. También recuerdo sentir alivio al darme cuenta de que ese alguien era una chica.

Recuerdo cruzar una esquina y encontrarme con algún grupo de chicos y que me dijeran cualquier cosa. Escalofrío. O sentir miedo sin que llegaran a decir nada.

Recuerdo ir andando por la calle y que un coche redujera la velocidad, bajase la ventanilla y un tío me dijera “¿a dónde vas tan solita?”.

Recuerdo ese “no dejes la copa nunca” y el “no bebas del vaso de otra persona”. Recuerdo estar súper pendiente de mi bebida en la discoteca e historias de amigas que han visto como les echaban algo en la copa.

Recuerdo salir de fiesta con una amiga. Irnos de la discoteca camino a casa y que dos chicos nos acompañaran haciendo la broma. Continuar de risas (manteniendo la distancia y sin acercar posiciones) y ellos querer subir a casa con nosotras. Decirles que no. Insistir. Decir que no. Intentar entrar. Decir que no. Y finalmente, por suerte, irse.

Recuerdo estar de fiesta con alguna amiga que iba borracha y que se le acercarse un chaval interesado porque iba tan ebria que lo veía un blanco fácil.

Recuerdo estar en un bar, discoteca, autobús, en la calle, y que me tocaran el culo.

Recuerdo tener diez años e ir de camino al colegio con mis amigas y ver a un hombre masturbándose mientras nos miraba.

Recuerdo, recuerdo, recuerdo.

Pero no son solo recuerdos, no son cosas del pasado. Pero no son solo recuerdos míos, sino historias colectivas de todas las mujeres. De hecho, ayer subí una historia preguntando estrategias que seguimos cuando vamos solas de noche, y situaciones de agresiones o miedo que hemos vivido, y hubo muchísimas respuestas. Respuestas repetidas y similares.

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El miedo, real o subjetivo, está ahí. El miedo se nos ha inculcado desde el mismo momento en el que nos dan una charla en el instituto sobre cómo nosotras podemos evitar una violación. En el momento en que mi familia se híper preocupa cada vez que salgo de fiesta y miedo no existe cuando los hijos son varones.

Miedo imaginario porque te lo meten en la mente desde que naces con vulva y lo sientes aunque no haya una amenaza aparente. Miedo real porque efectivamente ha habido chicos que me han seguido, me han agredido en sitios públicos o me han acosado verbalmente por la calle.

Detrás de ese whatsapp de “¿llegaste a casa?”, está un miedo implícito a que algún día no llegues. Es un miedo inculcado desde la sociedad, la cultura y la familia, porque se da por hecho que en cualquier momento puedes ser una víctima más. Porque eres mujer. Ellos también tienen miedo, y pueden tenerlo a que les roben, a que les agredan, a que les peguen, pero nunca van a tener miedo a que una mujer les siga y les viole, o les agreda sexualmente. Es otro tipo de miedo, es un miedo añadido por ser mujer.

Esta violencia, ese no llegar, no va a ser responsabilidad de tu comportamiento, sino del comportamiento del agresor. El problema no está en que las mujeres vayamos solas por la calle de noche, que llevemos falda corta o escote, que vengamos de fiesta o de la biblioteca, que estemos borrachas o sobrias. El problema está en que el agresor se cree con la libertad de poder ejercer violencia sobre una mujer.

No es cuestión de dejar atrás todas esas estrategias de autocuidado y de protección entre hermanas. No es cuestión de “yo voy sola, no pasa nada, tiro pa’lante porque no debería de tener miedo porque es una mierda tener miedo y no es justo y soy una mujer valiente y blablablá” (yo he pasado por eso). Es cuestión de que se entienda, desde la sociedad y desde la masculinidad, que el acoso callejero no es una broma, y que la violencia sexual, es eso, violencia.

Borrachas y sobrias. Solas y acompañadas. Con un traje de buzo o desnudas. Tenemos que llegar a casa.

No es cuestión de ser valientes. Es cuestión de ser libres.

El violador eres tú

El violador eres tú

La culpa es el mayor invento de control. No es agradable sentirse culpable ya que duele pensar que podíamos haber evitado algo negativo que nos ha pasado. Y por no tener ese sentimiento, que es molesto de narices, dejamos de hacer cosas.

Generalmente, ese sentimiento ha acompañado a la mujer desde siempre, como parte de nuestro ADN. Desde que Eva mordió la manzana de la sabiduría que le ofreció la serpiente en el paraíso y entonces condenó a Adán y a la humanidad entera. Da la casualidad (no tanta) que como es un sentimiento muy ligado al rol de mujer, es usado como control desde el sistema patriarcal.

Si entramos a hablar sobre la cultura de la violación, han encontrado el filón perfecto. Es la manera perfecta de legitimizar las violencias machistas, y a la vez, mandar un mensaje bastante claro a la mujer que la ha sufrido y a todas las demás: “si haces determinadas cosas, te estás ganando o estás buscando una violación”. Se libera al agresor y se incide en que la víctima es la culpable de haber sufrido una violación. Es decir, una forma de enseñarnos lo que debemos o no debemos hacer. Puro mecanismo de control.

La culpa hacia las víctimas se cuela en todos lados, y de esa forma se re-victimiza a la víctima. Desde comentarios como “con esa ropa ¡qué esperabas!”, “no haber bebido”, “ella lo buscó”, “es que es un poco… guarra”, “no cerró bien las piernas”, “seguro que no dijo que no claramente”, “¿a quién se le ocurre ir a casa de uno que acababa de conocer?”, y una larga lista.

Es como si fueras caminando por la calle y te cayera un piano encima. Ahora llega la sociedad, el sistema judicial, tu entorno y lxs que deberían apoyarte, y pasan por encima pisándote, con ganas, porque “ah mira, no haber pasado por esa calle y no haber estado debajo”. Pues así funciona.

Vengo aquí a recordar y a recalcar, que cuando hay un delito, la responsabilidad la tiene el agresor. Puedo ir desnuda, puedo estar en coma, puedo haber ligado con el agresor previamente, puedo haber dicho en un inicio que sí quería tener relaciones sexuales, puedo haberlas iniciado yo, puedo estar en medio de la relación, puedo haber hecho mil cosas. Pero si llegado el momento, no quiero continuar con eso, y el agresor o agresores deciden pasar mi consentimiento y mi deseo sexual por alto, el único responsable de ello es él o ellos. Única y exclusivamente.

En España se denuncia una violación cada 7-8 horas, continuamente aparecen casos de agresiones sexuales en las noticias, el 80% de las violaciones se produce por parte de conocidos (amigos, familiares, pareja), la gran mayoría (si no todas) hemos sufrido algún tipo de acoso sexual. La violencia sexual es un problema preocupante y por ello es uno de los focos del feminismo actualmente. Cada vez se habla más de ello y se condena el proceso de juicio social por el que muchas veces pasa la víctima, os recomiendo que veáis la serie Unbelivable que habla sobre esto.

Este 25 de noviembre, Santiago de Chile se llenó de un grito claro y alto contra esto: “Y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía. El violador eras tú. El violador eres tú”. Así de claro y alto lo cantaban miles de mujeres en una performance llevada a cabo por la agrupación LasTesis.

Lo que han hecho las compañeras chilenas me parece B-R-U-T-A-L. Con este cántico han denunciado la violencia sexual que sufrimos y dónde se pone el foco y la responsabilidad del delito.

Aunque, lo que me parece más emocionante de todo esto, lo que me pone la piel de gallina y que se me salte alguna lagrimilla, es la repercusión que está teniendo. Su grito con la canción Un Violador en tu Camino ha sido reproducido en muchísimas ciudades a nivel mundial (Ciudad de México, Ciudad de Juárez, Medellín, Bruselas, Madrid, Granada, Barcelona, París, Berlín, Nueva York, Estambul).

Es un grito de sororidad. Es un grito de apoyo a toda víctima que se ha sentido cuestionada y culpabilizada. Es un grito a todas las instituciones que han revictimizado. Es un grito a la justicia patriarcal. Es un grito de acusación directa al agresor. Es un grito para todxs aquellxs que se han excusado buscando la causa del comportamiento en ella. Es un grito feminista mundial, global y en red. Es un grito para todes los que dicen que en América Latina son más machistas que en cualquier sitio y que fuera de Europa no existen los movimientos feministas. Es un grito para remover conciencias. Es un grito de "hasta aquí". Es un grito de cambio, de revolución, de fuerza. Es un grito de poderío.

8 mitos sobre la violencia de género y 25N

8 mitos sobre la violencia de género y 25N

Hoy es 25-N, el día que se dedica para la visibilizaicón de la violencia de género y promover actividades para erradicarla. Aprovecho el día para seguir con los mitos, después de desmontar algunos relacionados con el feminismo, nos centramos en la violencia de género.

  1. La violencia no tiene género.

El término violencia de género se estableció "oficialmente" tras la creación de la ley en el año 2004 (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre), aunque fue en en 1997 tras la denuncia publica de Ana Orantes cuando se hizo más visible la violencia hacia las mujeres dentro de las parejas heterosexuales. Se puso sobre la mesa que la violencia de género era un problema en nuestra sociedad y que por tanto tenía que ser tratada con la especifidad necesaria.

La coletilla de género hace referencia a una problemática social según la cual las mujeres sufrimos una violencia específica por el simple hecho de ser mujeres. Esta ley incluye toda violencia desde el hombre a la mujer en una relación sentimental, actual o pasada. Poco a poco, en algunas comunidades se ha abierto la definición para poder incluir otras violencias que no impliquen una relación sentimental, porque las violencias machistas no solo se ejercen en el seno de la relación de pareja (casos como el de Diana Quer o el de Laura Luelmo).

En nuestra sociedad actual se producen diferentes tipos de violencias, todas igual de condenables, sin embargo, cada tipo tiene sus características específicas, sus causas y consecuencias concretas, y también sus repercusiones. Cuando decimos que en la violencia influye el género, nos referimos a que en nuestra sociedad las mujeres sufrimos una violencia específica solo por ser mujeres, causada por un sistema llamado patriarcado que pone en un nivel superior todo lo relacionado con el hombre y la masculinidad, y en un nivel inferior a las mujeres y todo lo relacionado con lo femenino. Para demostrar que la violencia existe y es real, simplemente tenemos que ir a visualizar números:

  • 1 de cada tres mujeres en el mundo han sufrido algún tipo de violencia sexual y/o física (OMS).
  • Cada 8 horas se denuncia una violación en España (Ministerio de Interior de 2015).
  • Una de cada dos mujeres asesinadas lo fue a manos de su compañero sentimental o un miembro de su familia. Únicamente el 6% de los hombres asesinados en todo el mundo murieron en las mismas circunstancias, según el Estudio mundial sobre el homicidio elaborado en 2013 por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito –UNODC (datos de 2012).
  • En lo que llevamos de año han sido asesinadas 52 mujeres en España. Es más, hoy mismo se ha cometido un asesinato machista.
  • Desde 2003, que se empezaron a registrar estos casos, 1.027 hombres han asesinado a 1.027 mujeres en España.

¿Hay violencia hacia los hombres en la pareja? Sí, claro que la hay. Entre 2008-2015 fueron asesinados 58 hombres por sus parejas. Sin embargo, de estos 58 casos no todos fueron en parejas heterosexuales, sino también homosexuales. Es decir, que no todos fueron cometidos por mujeres. Los hombres reciben violencia, sí, pero la mayoría de las veces es ejercida por otros hombres ¿Hay mujeres que agrede a hombres, que los mata? Sí, pero las cifras son muy bajas. Además, ¿cuántos casos hay de hombres agredidos por desconocidas por las calles, violados, secuestrados…? No hay un sistema que legitime la violencia hacia los hombres, o que subordine a los hombres frente a las mujeres. Por otro lado, el hecho de que un hombre que sufre violencia de una mujer no sea creído, se banalice o no se le tenga en cuenta, se debe a la construcción social de “cómo te dejas pegar por una chica” y eso, amigxs, también es patriarcado.

Por tanto, la violencia sí es una cuestión de género. Igual que hay muchas guerras y cada guerra en cada país tiene unas causas y unas consecuencias específicas, y por ello un abordaje distinto, y no se nos ocurriría negar las individualidades de cada conflicto; con los tipos de violencia funciona igual.

2. La violencia de género debería ser llamada violencia intrafamiliar o doméstica.

Algunas veces la violencia de género se da en el seno de la familia o en el espacio doméstico, y otras veces no. Hay violencia intrafamiliar que puede no estar relacionada con la violencia de género. La violencia intrafamiliar incluye violencia paterno-filial, de los padres a los hijos o viceversa. Puede ir dirigida de nietxs a abuelxs o al revés. Es decir, la violencia intrafamiliar habla de todas las violencias en la familia, y la violencia de género habla de las violencias dirigidas a las mujeres solo por ser mujeres en la familia y el domicilio, pero también fuera de estos espacios.

Si usásemos un solo término para ambos tipos de violencias, estaríamos englobando cosas con matices diferentes y dejando fuera otras violencias importantes. Por eso se necesitan los dos términos diferenciados. No toda la violencia de género ocurre en la familia o en el domicilio familiar, y no toda la violencia doméstica es violencia de género.

3. Hay un gran número de denuncias falsas.

Ésta es fácil de desmentir, porque solo hay que mirar los datos. En base a la Fiscalía General del Estado, durante los años 2009 y 2016 fueron recogidas 1.055.912 denuncias por agresiones machistas, de las cuales solo el 0,0075% fueron condenadas como denuncias falsas.

Como en todo tipo de delito, en violencia de género también hay denuncias falsas, no lo vamos a negar, sin embargo, es una de las categorías que menos denuncias falsas recibe.

La realidad de la violencia de género es que hay una gran mayoría de mujeres que no denuncian por varias razones: miedo a perder a los hijos, vulnerabilidad emocional, amenazas, dependencia económica, no tener apoyos en el proceso de denuncia o incluso miedo a ser asesinadas.

Muchas mujeres lo único que quieren es abandonar el calvario que supone esa relación, al abrir un proceso judicial, desconectar de ese infierno es imposible. Asimismo, no quieren perjudicar al que ha sido su pareja o incluso el padre de sus hijxs, por lo que prefieren no recurrir a medidas legales. Según datos de 2015, el 44% de mujeres que sufren violencia de género, prefieren no denunciar.

Por supuesto que hay que rechazar las mentiras y por supuesto que hay que ser consciente de que una denuncia falsa mancha toda la ley en protección de las mujeres que sufren violencias machistas, pero focalizarnos en las denuncias falsas, cuando es un porcentaje tan pequeño y mientras muchas mujeres se quedan calladas, desamparadas y reciben un mensaje desesperanzador desde la justicia, no ayuda a acabar con este problema.

4. Tengo un amigo que el primo de su vecino ha sido denunciado por su novia-mujer falsamente.

Bueno, creo que arriba ha quedado demostrado que el porcentaje de denuncias falsas es muy reducido. Si realmente conoces (conoces de verdad, no amigo de amigo del primo de un amigo de mi pueblo) un hombre dentro de ese 0,0075% de denuncias falsas, lo siento. De verdad que lo siento, y espero que el sistema judicial de respuesta a esa injusticia.

Pero, es posible, que ese hombre que conoces no sea una denuncia falsa, ¿qué te parece si en vez de cuestionarle siempre a ella, le cuestionamos a él? Me remito a tema de porcentajes y probabilidades. Quiero decir, cuando sale este tema, con otras mujeres hablamos de que en algún momento hemos sufrido algún tipo de maltrato, en su gran mayoría psicológico. Pero también conozco (en vínculo directo) un alto porcentaje de mujeres de mi entorno que han sufrido violencia psicológica, sexual, económica y física; peeeeeeeeeeeeero no conozco en primera línea a ningún hombre que reconozca haber ejercido maltrato. Por tema de probabilidades algo no encaja ¿no? ¿Acaso hay cuatro maltratadores en el mundo que se emparejan con todas las mujeres que confiesan haber sufrido maltrato? O, quizás, como idea, puede ser que haya hombres maltratadores que no digan "soy un maltratador" ¿no?

De hecho, alguna vez me han venido con la historia de “a un amigo le pusieron una denuncia falsa” y luego al tiempo me han dicho “bueno, resulta que tras conocer mejor a la novia y ver la relación, sí que había maltrato”. Un amigo tuyo es muy raro que se vaya a autodefinir como maltratador, porque posiblemente no lo vaya a reconocer abiertamente y además él no se verá así. Cuando estuve en penitenciaría, los condenados por violencia de género, y hablamos de condenas de años por asesinato, defendían a capa y espada que ellos eran un caso de denuncia falsa.

Es obvio que el decir "me han puesto una denuncia falsa" es una estrategia para que la sociedad no les de la espalda, para tachar de loca a la ex y para no ser etiquetado como un maltratador.

5. Yo no sufro violencia de género porque mi pareja no me pega - Yo no maltrato porque yo no pego a mi pareja

"No solo duelen los golpes" es el título del monólogo de Pamela Palenciano donde relata su historia de maltrato durante la adolescencia. Totalmente recomendable. Como bien explica ella, los golpes o el asesinato son solo la punta del iceberg que supone la violencia de género.

Tenemos muy identificada la violencia física, es lo primero que se rechaza socialmente. Los anuncios y las campañas de prevención muestran muchas veces a mujeres llenas de moratones o escondidas en un rincón con una mano amenazante. Sin embargo, hay muchos otros tipos de violencias, más sutiles que se hacen más difíciles de identificar.

El control, los ataques de celos injustificados, el aislamiento de la familia y lxs amigxs, los insultos, ignorar, manipular, el chantaje emocional, culpabilizar, no aceptar un no, no querer usar métodos anticonceptivos, obligar a mantener relaciones sexuales, abandonar en sitios públicos, romper cosas valiosas... También son violencia.

6. Los maltratadores son alcohólicos, consumen drogas, tienen problemas de salud mental, o provienen de ambientes familiares desestructurados.

A los hombres maltratadores solo les une una única cosa, y es las creencias machistas, el odio hacia las mujeres y la legitimización de la violencia hacia ellas.

Puede ser que el hombre consuma, tenga un problema mental o algún trauma previo, pero eso ni es justificación ni pasa siempre. Si un hombre fuera violento y eso justificara la violencia hacia su pareja mujer, esta violencia se vería en otros ambientes y hacia otras personas. Pero no, qué casualidad que ese hombre solo ejerce violencia hacia una persona concreta, entonces el problema no es el alcohol o su enfermedad mental, el problema es su machismo. Y luego por supuesto, hay hombres que consumen o tienen una enfermedad mental pero no agreden a nadie.

Socialmente es más fácil creer que son casos aislados, porque ayuda a pensar que es un problema individual y no un problema colectivo y estructural, como dice a Ana de Miguel “los casos se interpretan como extravíos individuales, patológicos o excepcionales que carecen de significado colectivo”.

7. Las mujeres que sufren violencia de género tienen un bajo nivel socioeconómico, sin estudios, sin recursos, hijas de parejas donde ha habido maltrato.

La violencia de género no entiende de perfiles. Es un problema estructural y que se vive a nivel transversal, por tanto no depende de la educación, del nivel económico, de la historia familiar... Como en todo, hay ciertos factores de riesgo, pero tenerlos no implica ser víctima de violencia de género directamente. Ni no tenerlos, no serlo nunca.

Hacer perfiles, tanto para ellos como para ellas, solo sirve para estigmatizar y para que las personas que no cumplen ese perfil no se den por aludidas.

En maltratadores, es lo que yo llamo el "síndrome del buen vecino". Como no aparenta tener ningún problema, como en otros ámbitos de la vida no es un hombre conflictivo, como todo se limita al domicilio, como no encaja en ese perfil, no puede ser un maltratador. De esta manera, negamos el maltrato y cuestionamos a la víctima.

En las mujeres repercute en no auto-identificarse como víctima. Por propia experiencia, caemos en el "como yo siendo psicóloga, formada en género, feminista, con estudios, con una familia donde no ha habido violencia... como yo he permitido esto". Rozalén lo explica muy bien cada vez que habla de su canción de La Puerta Violeta.

Primero no piensas que estás sufriendo maltrato, luego se produce un rechazo de la sociedad porque no encajas en el perfil y además te da vergüenza admitirlo, y por último te auto-culpabilizas y te cupabilizan porque no deberías haberlo permitido. Es decir, el "síndrome de como-tu-que...", lo cual cae como una losa.

Marisa Soleto dice lo siguiente cuando habla de perfiles: "Es un crimen ideológico, y los factores causales tienen que ver con valores y con una posición de poder y de sometimiento".

8. Las mujeres víctimas en realidad les gusta la violencia en la relación. O son tontas, porque siempre vuelven con él.

En la violencia de género se generan unas dinámicas de “tira y afloja” muy potentes. El círculo de la violencia genera también un aturdimiento y una dependencia emocional por parte de la víctima. La violencia de género tiene unos mecanismos muy complejos que van más allá del “quiero dejarlo y lo hago y lo consigo así de fácil”. Hay muchas razones por las cuales una mujer no puede dejar una relación de violencia o vuelve después de un episodio de violencia.

No es que la mujer sea tonta o masoquista, es que hay mecanismos de chantaje emocional, de pedir perdón y prometer cambio, de cuando estamos bien te hago ver que estamos muy muy muy bien… que actúan de una forma muy potente. Resumiendo, lo que se conoce como el ciclo de la violencia y Lola Vendetta explica muy bien en esta viñeta:

Además, la violencia no se hace visible en la primera cita. No llegas a conocer a esa persona y te pega una paliza, porque entonces no volverías a quedar con él. Se produce una escalada de la violencia sutil y gradual, mientras crece y cultiva el vínculo emocional y relacional. Os dejo aquí un vídeo que lo explica bastante bien:

https://www.youtube.com/watch?v=IpaabDdQNO8

En esta sociedad, las personas que hemos nacido con útero, vagina y vulva🔻(o que somos leídas como mujeres) sufrimos un tipo de violencia específica desde el día que llegamos al mundo (👂🏽⛏). Y estamos ya hasta el coño de tanta mierda 💩

✋🏽Por eso estamos aquí otro 25N, de pie, plantando cara a las violencias machistas. Estamos hartxs de todo tipo de agresiones hacia nuestros cuerpos: ideales de belleza fuera del alcance, hipersexualización (pero no seas demasiado guarra), cosificación, violencia obstétrica, violencia ginecológica, prohibirnos decidir sobre nuestro cuerpo, invisbilización, sistema prostitucional y trata, abusos y agresiones sexuales, violación, mutilación genital femenina… y todo tipo de violencias machistas en definitiva.

Sin embargo, hay esperanza. Por todas las mujeres que salieron de esta violencia y son SUPERVIVIENTES. Por todos los hombres que denunciaron actitudes violentas en compañeros y dieron un paso al frente. Nuevas formas de amor son posibles, nuevos roles, nuevas masculinidades. Relaciones igualitarias y de buentrato ❤️👌🏽

🤜🏼🤛🏼Trabajamos por una sociedad concienciada, que no de la espalda a la mujer. Por unas instituciones y un sistema legal que acojan y acompañen a las supervivientes. Por dinamitar 💣 los roles tradicionales en hombres y mujeres que fomentan relaciones de maltrato. Por un cambio de mentalidad y de sistema que sea igualitario y sin violencias hacia las mujeres*

Seguiremos trabajando para erradicarla. Aunque no nos dejen. Seguiremos luchando por un día en el que el 25N ya no haga falta 💪🏽💜 #25n #niunamenos

Nosotras sí somos manada

Nosotras sí somos manada

LA MANADA. ¿Qué es la manada? «La Manada» es un grupo así autodenominado formado por cinco hombres que han estado en la esfera pública durante estos últimos tres años.

Cinco hombres conocidos por el caso de la violación en San Fermín de 2016. Más allá de eso, hemos conocido conversaciones de whatsapp con una clara misoginia, dónde hablaban de usar burundanga para abusar de chicas, violaciones y agresiones sexuales como parte fundamental para una buena fiesta y relaciones sexuales basadas en el sometimiento de mujeres. También se han permitido el lujo de dar las gracias a Forocoches por difundir datos sobre la víctima de la múltiple violación de Pamplona, ponerle un detective a esta chica para demostrar que era una denuncia falsa porque «llevaba una vida normal», manosear a una mujer inconsciente en las fiestas de Pozoblanco (Córdoba), o seguir delinquiendo durante su libertad vigilada hasta sentencia firme.

Sin duda alguna, ha sido un caso que ha mantenido en expectación a todo el país y fuera de este. A aquellxs que consideraban que había sido una relación consentida (porque claro, que te dejen tirada en un portal después de tener relaciones sexuales y te roben el móvil y te penetren por todos lados cinco tíos a la vez y te graben, son signos de una relación suuuuuper consentida). Y a aquellas (y aquellxs, aunque sobre todo aquellas) que nos hemos sentido identificadas con ella, que hemos empatizado, que hemos entendido que no había ningún signo de «jolgorio» en la víctima, que cuando no hay un SÍ expreso significa NO, y que sí había fuerza, violencia e intimidación. Que era una violación y no un abuso sexual, que deberían de ser condenados por eso y tener una condena consecuente a los hechos, no como se hizo patente en la primera sentencia.

Después de casi tres años de los sucesos, tenemos la sentencia definitiva. Y aunque siga sabiendo a poco, se han conseguido dos cosas muy importantes y lo hemos recibido como una pequeña victoria.

Por un lado, declarar abiertamente que violar no sale gratis. Una sentencia que no hubiera recogido que había sido una violación en un caso tan mediático, habría dejado desamparada no solo a la víctima en cuestión, sino también a cualquier otra víctima de cualquier otro caso de violación. Y por supuesto, habría fomentado la sensación de que no sirve para nada denunciar en las víctimas, y la de impunidad en los agresores aunque violes y te denuncien. Ya salió una noticia sobre un caso donde los agresores le dijeron a la víctima algo así como que si los de la manda estaban en la calle, tampoco les iba a pasar nada a ellos. Por supuesto que eran culpables, y por supuesto que había que mandar un mensaje. A todas las personas que la cuestionaron por estar sola, por iniciar ella la conversación o incluso algún tipo de interés sexual, por su ropa, por beber o fumar, por intentar llevar una vida normal después, por no haber dicho que NO explícitamente. Había que dejar claro que todos esos hechos no los eximen de la agresión ni justifica la violación que cometieron.

Por otro lado, dejar claro que unidas somos más fuertes y que existe la sororidad. El movimiento feminista, cada vez más potente desde hace unos años, ha mostrado un apoyo continuo hacia ella. Hemos estado en las calles, día tras día. Hemos gritado «No es abuso, es violación», «Sólo sí es sí», «Tranquila hermana aquí está tu mandada», «Sola, borracha, quiero llegar a casa», «Con ropa o sin ropa mi cuerpo no se toca» y otras muchas consignas diciendo claramente que no nos vamos a callar, que una violación ya es suficiente como para que después se nos cuestione públicamente, no se nos crea y se nos revictimice una y otra vez. Hemos demostrado, que aunque la lucha se haya llevado a cabo en los tribunales, también ha sido en las calles.

Gracias a ella, a su abogado, a su entorno y a todxs lxs que han estado ahí con ella, por no rendirse. Gracias por demostrarnos a todas que sirve denunciar y luchar. Gracias por dar las gracias.

«Gracias de nuevo a aquellas primeras asociaciones y personas por llevar esto a la calle, formando un eco por todos los rincones de España. Gracias por no haberme dejado sola.

Os estaré eternamente agradecida, pero yo no soy ninguna heroína, la fuerza para continuar, muchas veces, me la ha dado todo el calor y el apoyo que he sentido en este camino.

No podemos olvidarnos que la lucha debe seguir y debemos ser el cambio que queremos en la sociedad, ya que esto le ha supuesto la vida a muchas compañeras. Recordad, contadlo, no les dejéis ganar a ellos».

Captura de pantalla 2019-06-30 a las 12.10.08

NOSOTRAS SÍ SOMOS MANADA, HERMANAS