Etiqueta: feminismos

Sola, borracha, quiero llegar a casa

Sola, borracha, quiero llegar a casa

Llega la cuenta atrás para el 8M y este año se ha resaltado el lema tan gritado en las manifestaciones feministas y de apoyo a víctimas de agresiones sexuales “Sola, borracha, quiero llegar a casa”.

Me encanta. Sin duda es una de las reivindicaciones actuales más señaladas y necesarias del movimiento feminista: las agresiones sexuales y la culpabilidad de las mismas.

Esto me hace recordar muchas cosas. En primer lugar recuerdo cuando estaba en la ESO (creo que tercero) y vino una psicóloga que trabajaba con víctimas/supervivientes de agresiones sexuales a hablarnos sobre la violación. En mi memoria no tengo todo lo que nos dijo. Lo que sí quedó perfectamente es que nos comentó que mi barrio, el Actur, era donde el índice de violaciones era mayor de toda Zaragoza. También recuerdo que nos dio consejos para prevenir una violación. PARA PREVENIR.

Después de esta charla entró la paranoia en mi casa. Yo estaba en época de empezar a salir con mis amigas y cada vez que lo hacía tenía que realizar todo un ritual en el camino de vuelta a casa.

Llegar acompañada lo máximo posible. Si por lo que fuera, no salía con las amigas que vivían dos portales más abajo de mi calle, iba hablando por teléfono con mi padre o mi madre durante el camino. Cuando estaba de camino para casa, tenía que hacer una perdida. Doblaba la esquina, y ahí estaba, mi padre o mi madre asomados al balcón. Yo tenía que saludar en la distancia para que cualquier posible agresor viera que yo estaba vigilada. Empezaba a sacar las llaves. Cuando me acercaba al portal, tenía que llamar al timbre, aunque llevase las llaves en la mano, porque nos habían explicado que “pueden cogerte en el mismo portal y para que tu familia sospeche que estás tardando mucho en subir”. Y ya subía a mi casa. Y todes respirábamos tranquilamente porque había llegado a casa sana y salva.

Recuerdo esto muy nítidamente. Recuerdo que mi padre me iba a buscar a los sitios donde salía de fiesta para que no tuviera que volverme a casa sola de madrugada.

Recuerdo taxistas diciéndome “tranquila, espero a que entres en el portal” o pedírselo yo misma.

Recuerdo acelerar el paso en cuanto me separaba de mis amigas porque cada una se iba hacia su casa.

Recuerdo decir entre mis amigas “avisa cuando llegues a casa” y un whatsapp de “¿pero has llegado ya?”. O que mis amigos me lo pidieran a mí, pero yo no a ellos.

Recuerdo miedo cuando veía a alguien venir de frente por la calle. O cuando escuchabas a alguien caminado detrás. También recuerdo sentir alivio al darme cuenta de que ese alguien era una chica.

Recuerdo cruzar una esquina y encontrarme con algún grupo de chicos y que me dijeran cualquier cosa. Escalofrío. O sentir miedo sin que llegaran a decir nada.

Recuerdo ir andando por la calle y que un coche redujera la velocidad, bajase la ventanilla y un tío me dijera “¿a dónde vas tan solita?”.

Recuerdo ese “no dejes la copa nunca” y el “no bebas del vaso de otra persona”. Recuerdo estar súper pendiente de mi bebida en la discoteca e historias de amigas que han visto como les echaban algo en la copa.

Recuerdo salir de fiesta con una amiga. Irnos de la discoteca camino a casa y que dos chicos nos acompañaran haciendo la broma. Continuar de risas (manteniendo la distancia y sin acercar posiciones) y ellos querer subir a casa con nosotras. Decirles que no. Insistir. Decir que no. Intentar entrar. Decir que no. Y finalmente, por suerte, irse.

Recuerdo estar de fiesta con alguna amiga que iba borracha y que se le acercarse un chaval interesado porque iba tan ebria que lo veía un blanco fácil.

Recuerdo estar en un bar, discoteca, autobús, en la calle, y que me tocaran el culo.

Recuerdo tener diez años e ir de camino al colegio con mis amigas y ver a un hombre masturbándose mientras nos miraba.

Recuerdo, recuerdo, recuerdo.

Pero no son solo recuerdos, no son cosas del pasado. Pero no son solo recuerdos míos, sino historias colectivas de todas las mujeres. De hecho, ayer subí una historia preguntando estrategias que seguimos cuando vamos solas de noche, y situaciones de agresiones o miedo que hemos vivido, y hubo muchísimas respuestas. Respuestas repetidas y similares.

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El miedo, real o subjetivo, está ahí. El miedo se nos ha inculcado desde el mismo momento en el que nos dan una charla en el instituto sobre cómo nosotras podemos evitar una violación. En el momento en que mi familia se híper preocupa cada vez que salgo de fiesta y miedo no existe cuando los hijos son varones.

Miedo imaginario porque te lo meten en la mente desde que naces con vulva y lo sientes aunque no haya una amenaza aparente. Miedo real porque efectivamente ha habido chicos que me han seguido, me han agredido en sitios públicos o me han acosado verbalmente por la calle.

Detrás de ese whatsapp de “¿llegaste a casa?”, está un miedo implícito a que algún día no llegues. Es un miedo inculcado desde la sociedad, la cultura y la familia, porque se da por hecho que en cualquier momento puedes ser una víctima más. Porque eres mujer. Ellos también tienen miedo, y pueden tenerlo a que les roben, a que les agredan, a que les peguen, pero nunca van a tener miedo a que una mujer les siga y les viole, o les agreda sexualmente. Es otro tipo de miedo, es un miedo añadido por ser mujer.

Esta violencia, ese no llegar, no va a ser responsabilidad de tu comportamiento, sino del comportamiento del agresor. El problema no está en que las mujeres vayamos solas por la calle de noche, que llevemos falda corta o escote, que vengamos de fiesta o de la biblioteca, que estemos borrachas o sobrias. El problema está en que el agresor se cree con la libertad de poder ejercer violencia sobre una mujer.

No es cuestión de dejar atrás todas esas estrategias de autocuidado y de protección entre hermanas. No es cuestión de “yo voy sola, no pasa nada, tiro pa’lante porque no debería de tener miedo porque es una mierda tener miedo y no es justo y soy una mujer valiente y blablablá” (yo he pasado por eso). Es cuestión de que se entienda, desde la sociedad y desde la masculinidad, que el acoso callejero no es una broma, y que la violencia sexual, es eso, violencia.

Borrachas y sobrias. Solas y acompañadas. Con un traje de buzo o desnudas. Tenemos que llegar a casa.

No es cuestión de ser valientes. Es cuestión de ser libres.

Sex Education

Sex Education

Hoy llega la nueva temporada de Sex Education, la serie que ha revolucionado la visión de la sexualidad en la adolescencia ¿pero es algo nuevo que en las series sobre adolescentes se hable de sexo? No y sí. Quiero decir, todas las series sobre esta etapa de la vida hablan implícitamente de sexualidad, aunque no sea la trama (aparentemente) principal; sin embargo ¿desde dónde lo hacen? Muchas veces desde una imagen no racializada cis-hetero, retratando conductas sexuales de riesgo, parejas en dinámicas de malos-tratos y desde una perspectiva de amor romántico-Disney no igualitario; unido muchas veces al alcohol, al consumo de otras drogas y violencia, todo muy normalizado.

Me vienen a la cabeza series com Física o Química, Rebelde Way, Gossip Girl SMS, series que yo vi durante mi adolescencia. Pero también la actual Élite. Es cierto que en la nueva producción de Netflix, vemos ya algunos cambios (pareja gay, personaje bi, dos hermanos de procedencia marroquí, una chica Latinoamérica, la protagonista con VIH...) pero aún así... se siguen reproduciendo muchos de los roles tradicionales y estereotipos tóxicos y romantizados.

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*Por cierto qué manía de hacerles fotos a lxs protas tirados en el suelo unxs encimas de otrxs y desde arriba ¿no?
*Por cierto qué manía de hacerles fotos a lxs protas tirados en el suelo unxs encimas de otrxs y desde arriba ¿no?

La revolución de Sex Education no es que hable de sexualidad en la adolescencia, sino desde la perspectiva que se hace. Muchas veces, las familias y el profesorado, me preguntan si es una serie apta para las adolescencias; lo cual para mí demuestra el gran tabú que sigue habiendo sobre el sexo. Siempre invito a reflexionar sobre como decimos SÍ a una serie cuya trama principal no es el sexo, sino un asesinato (Élite) pero salen continuamente conductas de riesgo o tóxicas; pero decimos NO, a una serie que habla directamente de sexo, lo cuestiona, le da una vuelta, lo enfoca desde la educación afectiva (no solo sexual), diversa e igualitaria.

Estamos normalizando que vean series que reproducen modelos no positivos muchas veces, simplemente porque la serie no parece hablar explícitamente de sexo, y ¿les vamos a prohibir una serie educativa porque pone el foco en la afectivo-sexualidad? Empecemos a revisar los mensajes indirectos que mandan las series, los modelos que representan y no solo el título o el argumento general.

Aquí dejo razones por las cuales Sex Education es maravillosamente maravillosa. Y el por qué la recomiendo para la adolescencia, las familias y el profesorado (intento hacer los menos spoilers posibles). Voy a destacar las mejores escenas, desde mi punto de vista, de la primera temporada.

Diversidad sexual. La serie muestra parejas de lesbianas, parejas gays y parejas heterosexuales. Familias mono-marentales, mono-parentales, con dos madres, con un padre y una madre, con tutores ausentes… Diversidad. Como la vida misma. Se habla de esta diversidad como algo común y normal, sin olvidarse de la existencia de las LGTBfobias ya que en la serie se relatan ciertas agresiones hacia personajes LGTBIQA+, peeeeeero también personas que les defienden.

Abajo la plumofobia. Eric, el mejor amigo del protagonista, es un chico gay que además tiene pluma. Le gusta vestirse con ropas femeninas, maquillarse, bailar, y expresarse fuera del canon de “masculinidad” tradicional. Otis, como amigo hetero, también modifica su expresión de género sin tener miedo de que se cuestione su orientación sexual. Tienen una relación de cariño y respeto, se maquilla y viste con él, y baila y le da igual si alguien puede pensar que por eso es menos hetero. Dentro de esta historia, Eric sufre una agresión, se enfada con Otis porque le deja tirado y finalmente se reencuentran. Sin embargo, la mejor parte es cuando Eric finalmente habla con su padre, al cual le resulta complicado gestionar lo diferente que es su hijo, y éste le dice “estoy aprendiendo de mi valiente hijo”.

La presión de quitarte de encima la virginidad. Durante la adolescencia una de las cosas que más preocupa es todo lo relacionado con la primera vez y la virginidad (esa mierda de construcción social). Vemos como Otis, aunque actúa como terapeuta, se ve muy cohibido en cuanto a su propia sexualidad, a la masturbación y a la relación con su cuerpo. Este bloqueo choca con la presión que siente desde sus amistades (y la sociedad en general) para tener relaciones sexuales. Se fuerza tanto a hacerlo, en vez de reconocer que no está preparado o tratar el por qué de ese bloqueo, que llega a sufrir un ataque de ansiedad.

Ansiedad, deporte y perfección. Jackson el chico perfecto. Deportista, ganador, triunfador, atractivo, popular y buen estudiante. PER-FEC-TO. Tiene que lidiar con la presión de sus dos madres, del director, de sus compañeros para alcanzar dicha perfección, así como con su propia autoexigencia. Visibiliza que sufre problemas de ansiedad y pérdida de control sobre las decisiones en su propia vida; una situación en la que se ven muchxs adolescentes.

Es mi vagina. En el capítulo 5, una de las chicas sufre sextorsion con una foto de su vulva. Aprovecho para decir que la foto es de una vulva no de una vagina, por cierto. Es amenazada con publicar su nombre para que todo el instituto sepa que la foto es suya. Maeve le ayuda a buscar a la/el culpable de esto. Finalmente en una reunión de todo el alumnado, las compañeras del centro, y algunos chicos, se levantan una a una diciendo “es mi vagina” y se unen todas para quitar la importancia sobre de quién sea de verdad. Una imagen de sororidad frente a la condena social que sufren las mujeres por sus cuerpos y su sexualidad.

Autocoñocimiento. Una de las personajes femeninas, Aimee, tiene relaciones heterosexuales en base a lo que ha visto en el porno, pidiéndole a los chicos que le hagan lo que según la pornografía “debería gustarle”. Hasta que su pareja le dice “¿pero a ti qué te gusta?”. Gracias a esta pregunta se abre un cuestionamiento de su propio placer, la búsqueda de por qué no llega al orgasmo, de la responsabilidad en el autocoñocimiento y en sus necesidades. Empieza a masturbarse, a descubrir su cuerpo y a raíz de eso, es capaz de expresarle a su pareja sus gustos y disfrutar de las relaciones sexuales.

Feminismo. Maeve como personaje principal es super potente. Una chica inteligente, que lucha por seguir adelante y estudiar a pesar de su historia familiar, decidida, y por supuesto, feminista. De hecho, es su feminismo y sororidad lo que le mueve a ayudar a otras conocidas y también a denunciar que ella es clasificada como guarra-zorra-puta por rumores falsos propagados por un chico con el que se negó a liarse.

Solo sí es sí. Aparece una historia secundaria en la cual un chico se obsesiona con una chica. A pesar de que ella le ha dicho explícitamente que no, pasa de él y no está interesada; él le acosa y no parece darse por vencido, muy en la línea de "el que la persigue, la consigue". No sabe encajar el rechazo, de ninguna de las maneras, y se niega a aceptarlo. Amenaza con suicidarse, hasta que Otis hace esta genial intervención sobre saber aceptar el rechazo en las relaciones sexo-afectivas.

Aparecen muchos otros temas también super interesantes: Ola siendo un personaje de mujer no normativa; la madre de Otis como mujer mayor activa sexualmente y que sale con hombres más jóvenes que ella; modelos diversos de masculinidades; el vaginismo de Lily…

Y tooooooodo esto en tan solo una temporada de 8 capítulos ¿Os he convencido ya para verla? Además ¿cómo no voy a tener ganas de ver una segunda temporada? Así que aquí os dejo. Botón publicar. Abrir Netflix.

8 mitos sobre el feminismo

8 mitos sobre el feminismo

Di que eres feminista, según dónde, ahora quizás no tanto porque se ha visibilizado mucho el feminismo desde hace unos años, y te pondrán una cara de… ALÉJATE DE MI BRUJA.

A veces me muevo tanto en entornos feministas, que cuando salgo de ahí y sale un tema en un grupo de amigos o de familia extensa… me da en toda la cara la realidad. Y me doy cuenta de lo hondo que calan los mitos sobre el feminismo, la violencia de género, las violaciones, otras violencias machistas… Concretamente, en una de las últimas acaloradas conversaciones, se me ocurrió que podría ser interesante crear una lista de distintos post hablando de estos mitos.

Cuando empecé a auto-denominarme como feminista, todo el mundo me discutía absolutamente todo todito. Al principio me costaba mucho defender mis argumentos, aunque yo sabía que lo que me decían era falso. Después de leer y leer (abajo os dejo libros que os pueden ayudar) y de formarme y de meterme más y más en el feminismo, aprendí a encontrar los argumentos adecuados. Ahora los discuto tan a menudo, que ya sé me la contra-argumentación de memoria (incluso datos) para cada uno. Por suerte, los mitos son siempre los mismos, porque efectivamente, alguien que te quiera negar una lucha por la igualdad justa y necesaria, no tiene otros argumentos en contra que no sean argumentos falsos.

Con este tipo de post, espero que haya gente que cambie esos mitos y los aparte de su discurso, y además me gustaría dar herramientas para cuando vosotras, compañeras feministas, os encontréis ante ellos, que sepáis por dónde salir. Así que vamos poco a  poco, en este paso, voy a empezar hablando sobre algunos mitos relacionados con el movimiento feminista.

1. El feminismo es lo contrario al machismo.

Totalmente falso, el machismo es un conjunto de ideas y una forma de pensar que se sustenta en la creencia de la supremacía del hombre sobre la mujer. Es la ideología que sustenta el sistema patriarcal. Del machismo se derivan las violencias machistas (violencia de género, violencia sexual hacia las mujeres y niñas, violencia obstétrica…) y las diferentes opresiones hacia la mujer por el simple hecho de serlo. El feminismo no busca la supremacía de la mujer, sino que busca la igualdad de oportunidades entre ambos, independientemente de las diferencias entre individuos, ya sea por sexo/género o por otras razones arbitrarias.

Muchas personas aluden a que el término “feminismo” es confuso y que lleva a pensar que es lo contrario al machismo, y eso nos lleva al siguiente mito…

2. Ni feminismo ni machismo, igualdad. Yo creo en la igualdad, me declaro humanista.

Cuando hablas de feminismo hay algo que siempre preocupa muchísimo, y es el nombre. No los problemas que trata el feminismo, no la discriminación que sufrimos las mujeres, no. EL NOMBRE, EL MALDITO NOMBRE. Os voy a explicar que pasa con el nombre.

Para empezar, si usásemos el término “igualitarismo” o “igualdad” o algo similar, estaríamos hablando de que queremos una igualdad sí, pero ¿qué tipo de igualdad? ¿sobre qué?, al no especificar, sería muy muy general. Sin embargo con el término “feminismo” sabemos que esa igualdad que queremos conseguir tiene que ver con las mujeres o con el sistema sexo-género. De esta forma se visibiliza la lucha específica de las mujeres en contra del sistema que permite su opresión, es decir, el patriarcado. Utilizando una palabra como “humanismo” pasaría lo mismo, además de que es un término que ya tiene otro significado.

Para seguir, el movimiento feminista no eligió su propio nombre. SORPRESA. Cuando en la segunda ola del feminismo europeo, las mujeres luchaban por el voto femenino y el movimiento sufragista, el periodista Alexandre Dumas hijo, para ridiculizar a estas mujeres las llamo “FEMINISTAS” y escribió en 1872 el texto “El hombre-mujer”, diciendo: “Las feministas, perdón por el neologismo, dicen: todo lo malo viene del hecho de que no se quiere reconocer que la mujer es igual al varón, que hay que darle la misma educación y los mismos derechos que al varón”.

Por lo tanto, “feminista” era una burla, sin embargo las “feministas” se apropiaron de ese nombre que estaba destinado a insultarlas. Como los gays se han apropiado del “marica” y “maricón”, o las lesbianas del “bollera”, o la Zowi del “puta”. Es decir, le dieron la vuelta al término, y si tu pretendes ridiculizar nuestra lucha insultándonos con esa palabra (que por aquel entonces no existía), pues nosotras nos vamos a llamar así a partir de ahora. Resumiendo, el feminista de entonces era lo que ahora es el feminazi, y ellas dijeron, pues pa nosotras, y sí, soy muy feminista. Y de ahí el nombre del movimiento.

3. El feminismo odia y oprime a los hombres.

Otra gran mentira, no, no y no. Es precisamente el feminismo el movimiento que más cree en los hombres. Es el feminismo quién denuncia que hay un sistema patriarcal que oprime a las mujeres, pero que también ejerce presión sobre los hombres. No en la misma medida, porque somos nosotras quienes estamos en riesgo de ser violadas, acosadas, asesinadas, denigradas; pero el machismo también tiene consecuencias negativas sobre los hombres.

El feminismo niega que los hombres sean violentos por naturaleza, sino por aprendizaje emocional. Igual que niega que los tíos sean hormonas con patatas imposibles de controlar sus impulsos sexuales, y pone el foco en cómo se construye la sexualidad masculina. El feminismo legitimiza que un chico puede llorar, pueda mostrarse vulnerable, y pretende quitar esa presión de “cabeza de familia” y de represión emocional que lleva a muchos hombres a sacar todo a través de la violencia o de la rabia e ira.

El movimiento feminista propone abrir la palabra masculinidad, más allá de la que se enseña tradicionalmente a nivel social. Y por supuesto que los hombres tienen espacio en el movimiento feminista, claro que estamos dispuestas a explicar cosas y dialogar sobre feminismo con hombres. Claro que hay hombres feministas o aliados. Lo que no estamos dispuestas es a que en nuestra lucha, vosotros estéis en primera fila como estáis en todo en la vida, sino que nos cedáis espacios para que podamos hablar, y que vosotros escuchéis en vez de sentiros atacados, que nos escuchéis por una vez.

Así que querido aliado feminista, si estás leyendo esto, escucha a las mujeres de tu alrededor, pon en valor sus experiencias cuando te cuenten que han sufrido alguna violencia machista, escúchalas de verdad, intenta entenderlas antes de rebatir y empatiza, empatiza con la opresión que tu no vives día a día.

Una carta abierta a los hombres (feministas)

4. No, yo no soy machista porque tengo madre, hermanas y primas.

Este mito me da muchísima rabia, ¿por qué? porque las feministas estamos continuamente revisándonos, aceptando que hemos sido machistas, que seguimos teniendo comportamientos, pensamientos o comentarios machistas, estamos continuamente deconstruyéndonos. Y ahora, llega cualquier chico (generalmente) y dice que no, que él no es machista solo por tener madre.

Vamos a ver corazón mío, todos los asesinos machistas o violadores tienen madre, lógicamente, y son machistas. Todos somos machistas por nacer en una sociedad machista, y es a través del feminismo, del cuestionamiento continuo, de la deconstrucción, podemos salir de ahí y cambiar lo que nos han enseñado. Así que sí, el primer paso para salir del machismo es reconocer que somos machistas. No hay otra. Asúmelo.

Además, claro que tienes mujeres a tu alrededor, somos la mitad de la población, pero eso no implica nada. Queremos respeto e igualdad por ser humanas, no porque seamos familiares tuyas. Yo puedo tener algo cerca y aun así no darle el valor ni el respeto que se merece.

5. No soy machista porque me he criado en un matriarcado

Si por matriarcado entiendes que en tu casa mandaba tu madre en cuanto a qué se comía cada día, a la decoración de la casa o a hacer la compra. Si te has criado en un matriarcado porque tu madre se ha hecho cargo de tu crianza y la de otrxs menores o mayores de la familia, mientras tu padre u otros hombres de la casa eran el sustento económico de la familia, bueno, pues no es un matriarcado. Que la mujer mande en casa no significa que se le permita hacerlo en otros espacios y como en el anterior, solo por tener mujeres a tu alrededor, no significa que eso sea un matriarcado.

Un matriarcado real sería que las mujeres mandaran e impusieran su voluntad en tooooodos los aspectos de la vida, y no simplemente en "las cosas de casas". Por lo tanto, no, no te has criado en un matriarcado. No te has criado en un matriarcado si te sentabas en las comidas familiares a hablar con el resto de hombres de tu familia mientras tus hermanas, primas, tías y madre preparaban la comida o recogían la mesa. No te has criado en un matriarcado si tu padre le cedía el poder a tu madre sobre cómo repartir el menú de la semana, pero luego no colaboraba de manera proporcional en las tareas del hogar. No te has criado en un matriarcado si a ti te dejaban irte de fiesta tranquilamente y a tu hermana no la dejaban salir sola a ningún lado aun siendo más mayor que tú. Y así muchos más ejemplos.

Por mucho que Nairobi lo intentara, por desgracia, la realidad es que el sistema actual es un patriarcado. Para que realmente te hubieras criado en un matriarcado deberías estar rodeadx de mujeres feministas, que educaran en feminismo, ajenas al sistema socioeconómico y fuera de los estereotipos de género tradicionales.

6. Las feministas quieren imponer su forma de pensar y de vivir a otras mujeres.

Las feministas no quieren imponer nada a ninguna mujer, al contrario. No hay un carnet de feminista, de hecho es un movimiento con miles de debates internos abiertos y cuestiones que se redefinen constantemente.

El feminismo no cuestiona los comportamientos de una mujer de manera independiente. Es decir, el feminismo no va a atacar a la mujer que se depila, que se maquilla, que usa tacones, que es ama de casa, que carga con los cuidados o que ha dejado de lado su carrera profesional fuera de casa para criar. El feminismo pretende explicar por qué dentro del rol social "ser mujer" existen ciertas necesidades o comportamientos que nos generan malestar, y cómo estos han sido impuestas y son una forma de sometimiento. Es decir, el feminismo simplemente busca el por qué de nuestros comportamientos diferenciales entre géneros, y te da las herramientas para que tú, como mujer, sientas la libertad de elegir si seguir ciertos mandatos de género impuestos socialmente (que no biológicamente) o no.

Yo soy feminista, y a veces me depilo y a veces no. Me siento bien poniéndome tacones o maquillándome de vez en cuando, pero no quiero sentirme obligada a hacerlo para ir a trabajar, por ejemplo. Aún no he decidido si quiero ser madre, pero no quiero que se me juzgue si deseo no serlo, o sentirme mal por pensar que si no lo soy voy a ser menos mujer o no voy a tener mi vida completa.

Lo único que plantea el feminismo es que no eres menos feminista por depilarte, ni menos femenina por no quererte poner tacones. Y tampoco dejas de ser mujer por no cumplir con todas y cada una de las características tradicionales de lo que significa ser mujer.

7. Mucho feminismo, pero cuando entran en las discotecas gratis, no se quejan.

No, sí que nos quejamos. Vale, quizás, cuando era adolescente, cuando no estaba tan metida en el feminismo, no era consciente de lo que implicaba no pagar en las discotecas, y sí, me aproveché de ello. Pido perdón desde aquí. Pero prometo que me he reformado.

El feminismo me enseñó, que si no pago al entrar, es porque hay algo de lo cual se beneficia la discoteca y por ello le compensa que yo no pague. Quizás, el beneficio que la discoteca saca es que el local esté lleno, que vayan más hombres suponiendo que son hormonas con patas cuyo único fin es ligar y gastar dinero en la entrada y en copas para ellos y para invitar a las mujeres que entran gratis. Es decir, nosotras somos un objeto, somos un reclamo, somos lo que se vende "Hombre, ven y disfruta de un local lleno de mujeres". Resumiendo, que nosotras no paguemos y vosotros sí, es una expresión más del patriarcado. Y efectivamente, las feministas lo rechazamos. De hecho, cada vez hay menos sitios donde esto pasa y el feminismo se ha movilizado denunciando los locales que lo hacían.

Por poner algunos ejemplos:

8. Hembristas, feminazis, exageradas.

Sí, teóricamente, un sistema que sustentara la supremacía de la mujer y oprimiera al hombre simplemente por nacer con pene, se podría denominar hembrismo, pero realmente no existe ni está demostrado a nivel histórico y antropológico (según lo que yo sé) que haya existido una sociedad así. Por lo tanto, realmente el hembrismo es un término abstracto y teórico, pero no real. De hecho, cuando hay amigos que me dicen que a veces somos unas hembristas, les pido que me den ejemplos de situaciones en las que hayan sufrido hembrismo y no, no me saben dar ejemplos.

Por otro lado, aunque igual que ocurrió con el término feminismo, algunas nos hemos apropiado en situaciones del término feminazi, por supuesto, que no tenemos nada que ver con lo que pasó en la Segunda Guerra Mundial, como hace unos meses intentó hacer creer Hazte Oír con su autobús de Hitler.

Por supuesto, creo que no hace falta decir que el feminismo tal y como se ha explicado arriba, no tiene nada que ver con el nazismo. No hay campos de concentración ni cámaras de gas llenas de hombres, ni queremos eso. No invadimos países queriendo gobernarlo todo, ni experimentamos con hombres.También me cuesta mucho entender, porque cuando le cuentas a alguien una agresión o violencia machista que hayas sufrido, te dice que eres una exagerada, de verdad que no lo entiendo. En vez de escucharte o apoyarte, te cuestiona, lo minimiza, ridiculiza o banaliza. De verdad que no lo entiendo. La próxima vez que llames exagerada a una mujer cuando te cuenta una discriminación que ha vivido por ser mujer, revísate como de buena es tu empatía.

Y el gran gran mito sobre el que quiero hablar, es el que yo denomino hacer un Bertín Osborne: “Sois unas exageradas, en España ya se ha conseguido la igualdad, tú feminazi, vete a luchar a otros países tercermundistas que ahí sí hace falta”. Realmente este gran mito es lo que había motivado escribir un post desmintiendo mitos sobre al feminismo, pero para el anti-bertin-osbornismo necesitaba hacer uno básico y de ahí continuar, así que para este… ya otro post.

Os dejo por aquí algunos libros que os pueden ayudar a introduciros en el feminismo, reforzar ideas o eliminar mentiras de vuestros pensamientos:

  • Feminismo para principiantes - Nuria Varela
  • Todos deberíamos ser feministas - Chimamanda Ngozi Adichie
  • Una habitación propia - Virginia Woolf
  • Morder la manzana: La revolución será feminista o no será - Leticia Dolera
  • Machismo: 8 pasos para quitártelo de encima - Barbijaputa
  • Idiotizadas - Moderna de Pueblo
  • Lola Vendetta. Más vale Lola que mal acompañada - Raquel Riba Rossy
Los partos serán feministas o los feminismos no serán

Los partos serán feministas o los feminismos no serán

En el marco de las violencias machistas se encuentran muchos matices y formas distintas en las cuales se ejerce violencia sobre las mujeres (y niñas) por el simple hecho de ser mujeres*. Y por supuesto, esta violencia también se da en todo lo relacionado con la reproducción y especialmente en cuanto al embarazo, parto y postparto. Estamos hablando de violencia obstétrica.

No puede ser que la embaraza no pueda elegir sobre su parto, sobre sus condiciones. Se produce una falta de información sobre las consecuencias y los riesgos del uso de determinados medicamentos, prácticas o formas de llevar este proceso. No puede ser que se hagan más episiotomías de las estrictamente necesarias, o cesáreas. No es posible que todavía, a día de hoy se sigan haciendo prácticas que han sido condenadas por la OMS, o se siga realizando "el punto del marido".

Todo ese paternalismo sobre las mujeres embarazadas, tratarlas como niñas pequeñas, sin capacidad de decisión, ni sobre su cuerpo, ni sobre la vida que llevan dentro. Los partos automatizados, la falta de tacto emocional en el trato del personal sanitario, y los excesos de tactos vaginales sin permiso ni aviso ninguno. La falta de intimidad durante el parto, y la priorización de la comodidad de los profesionales sanitarios frente a la de la parturienta o lxs bebés. La retirada del recién nacido sin poder la madre cogerlo, el contaste juicio sobre cualquier movimiento de la recién madre, entre muchísimas otras violencias.

Y por supuesto, no puede ser que a una mujer, por ley judicial, se la arrastre en proceso de parto, se le provoque y se la obligue a parir sin poder poner ella sus condiciones ni escuchar su voluntad.

Es verdad que todavía tengo mucho que aprender sobre este tema, quizás porque no me toca de cerca o no me ha tocado todavía, quizás porque la invisibilización de este tipo de violencia también me haya llegado a mí. Por suerte tengo una mujer muy cercana que me enseña día a día sobre esto y que hace activismo personal y profesional en él. Gracias a ella (y su grupo) he aprendido muchísimo sobre el parto natural, sobre la maternidad consciente, la lactancia, sobre lo que es crear una red de apoyo de mujeres (y madres) y una red de sororidad y cuidados (y sobre miles y miles de cosas, que voy a decir de mi hermana mayor que es uno de los mayores referentes en todo en mi vida).

Hago este post como crítica al caso reciente de la embarazada de Oviedo, al movimiento feminista que prácticamente ni se ha pronunciado, a la sociedad en general y a mí misma. Creo que es importante que nos revisemos cuál es el feminismo que queremos conseguir, y cuales son las causas por las que queremos luchar, sin olvidar ninguna.

Dejo por aquí el blog de Marta Busquets Gallego y su entrada en referencia a la noticia mencionada para mayor información, como profesional y activista formada en esta temática.

Porque si realmente decimos "No es no" y "si nos tocan a una nos tocan a otras", la violencia obstétrica entra en ese paquete. No podemos cerrar los ojos ante ello, es una forma más de violencia machista y patriarcal, y debe ser un objetivo más de la lucha feminista y por la igualdad.