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«Mediterráneamente»: la falta de humanidad de Europa

«Mediterráneamente»: la falta de humanidad de Europa

Estaba bañándome en la costa mediterránea, tranquilamente disfrutando de las olas, del sol, de haber llegado en mi coche cómodamente, de mis vacaciones pagadas y tras la cervecita del chiringuito, con cero preocupaciones.

Justo a unos metros tenía la típica plataforma flotante con un tobogán con jóvenes tirándose. La vi, y en un flash, me vinieron las imágenes que vemos en los telediarios de pateras con gente hacinada. Y seguido escuché en mi mente la entrevista que fui a ver en directo en Carne Cruda de Javier Gallego “Crudo” con Alba Flores y Rozalén (entrevista maravillosa por cierto), os transcribo un punto de la conversación (min 49):

 *Rozalén: Me parece muy dramático que nos estemos bañando en unas aguas, que de verdad, se está convirtiendo eso en una fosa común (…) es que claro, si no tienen un chaleco, esos cuerpos caen y nadie pregunta por ellos. Creo que la gente no sabe eso, o no, ni siquiera lo ha pensado, y nos estamos bañando en esas aguas, y nadie se alarma.

*Alba: Sí, que nosotros estamos en este país hablando de la memoria histórica y del derecho a encontrar a nuestros muertos y enterrarlos y esta gente nunca va a poder encontrar a sus muertos y enterrarlos (…) bastante contradictorio.

*Javier: Bueno hay una imagen muy terrible, que yo a veces digo, porque me parece la única manera de remover esta conciencia que a veces, que se nos adormila, y es que esos cuerpos que se funden en el mar, en esas fosas, son comidos por los pescaos, que después pescamos y nos comemos, porque aquí hay una suerte de canibalismo que es lo que estamos haciendo.

Y me salí rápidamente del agua porque no podía sacar esa imagen de mi cabeza. Mediterráneamente. Mediterránea la fosa común que hay entre Europa, África y Asia.

Todas esas personas buscando salvarse y perdiendo la vida en el intento. No solo porque intentan llegar a Europa como sea, sino porque Europa les da la espalda y prefiere que se hundan y mueran a unos metros de sus costas, que acogerlos y darles un apoyo y acompañamiento en lo que se supone que es el “primer mundo”, como está pasando con el Open Arms y ha pasado con cualquier otro barco a la deriva, con vidas humanas, con familias y sus historias de sufrimiento. Y por desgracia, seguirá pasando si no hay un cambio ya.

La migración siempre ha sido una parte del ser humano, tanto dentro de un país de zonas rurales a capitales, como entre países. Esa motivación por mejorar las condiciones vitales, oportunidades laborales o de estudios mueve a miles de personas, por ejemplo a mí, que he vivido en seis ciudades distintas, con 25 años, por motivos de trabajo. O que ha movido a mis amigxs a irse a Inglaterra, Alemania o Francia.

Pero qué pasa además cuando, no solo quieres mejorar algo tu vida, sino que huyes de un conflicto bélico, de la pobreza extrema, de las violencias machistas, de la explotación laboral o sexual, de que te persigan por tu orientación sexual o por tus ideas políticas. ¿Qué pasó hace no tanto en Europa durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Qué pasó hace poco en España durante la Guerra Civil? Que la gente no es que quiera mejorar su vida, es que quiere sobrevivir.

NADIE, nadie, querría dejar su país, su cultura, su familia, todo, si la situación fuera óptima para vivir allí. Nadie atravesaría países, desiertos, montañas, saltaría una valla, se colaría en un barco arriesgando su vida, perdiendo a familiares y amigxs porque sí. Nadie se metería en una patera, en hacinamiento, dejando su vida a la voluntad del mar, si tuviera cualquier otra opción.

Se nos olvida que el camino no es un paseo. Nosotrxs como españoles que llevamos en nuestra sangre y en nuestra historia la migración, que el mismo motor que llevó a mis bisabuelxs a irse a Argentina es el que mueve hoy en día la caravana migrante hacía Estados Unidos o a los sirios hacia Europa.

Vergüenza da que con la misma superioridad moral con la que nos autodenominamos como países desarrollados, sea con la que cerramos los ojos. Con esa misma moral con la que hemos saqueado sus recursos naturales, hemos generado guerras por propio interés, colonizamos repartiéndonos tierras y gente, impusimos una cultura y religión, y expropiamos cualquier cultura considerada de tercera, salvaje, indígena, no válida (y lo seguimos haciendo); con esa misma superioridad dejamos un barco con 107 personas 19 días a menos de un kilómetro de la costa Italiana.

Con la misma hipocresía que dedicamos dos semanas del verano a irnos a cualquier país de África, que ni sabíamos que existía, a “ayudar” y hacernos cuatro fotos rodeadas de menores racializados (entro aquí en la autocrítica), con esa misma hipocresía decimos “No, a mi país tú no vienes a vivir. No, tú quédate en el otro lado, que ya si eso voy yo con mi pasaporte europeo con el cual no tengo ningún problema a ir a donde quiera".

“En qué momento alguien dijo, en esa línea, vamos a dibujarla, tú vales más que yo, por estar allí, cuando la tierra nunca nos ha pertenecido” (Rozalén en la misma entrevista de Carne Cruda)

¿Cuándo vamos a entender que el dónde hemos nacido cada uno no ha sido más que azar? Que los que estamos a un lado de la valla podríamos haber caído en el contrario. Y que no es una cuestión de fronteras, banderas, gobiernos o nacionalidades. Es una cuestión de derechos humanos, empatía y humanidad.

“Si tenemos el mismo cuerpo, ¿por qué no la misma casa?

El mapa que nos separa”

PD: Y sí, si hiciera falta habría muchísima gente dispuesta a acogerlos en nuestras casas, para los que usan ese argumento (totalmente absurdo) para desacreditar que se pida #puertoseguroya para todas estas personas.

PD2: Igual deberíamos revisarnos nuestro racismo, sí racismo, que no aporafobia (link sobre racismo y aporafobia de Eva Serós).