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Tiempos de crisis y psicología de voluntariado

Tiempos de crisis y psicología de voluntariado

No cabe ni que decir que estamos viviendo una situación de crisis. Nueva, anómala, desconocida e incierta. Todes lo estamos viviendo en nuestras propias carnes y estamos sintiendo, en mayor o menor medida, un impacto en nuestro bienestar. Lejos de nuestros seres queridos, el miedo y la desesperanza, la incertidumbre y el estrés, los nervios y la (des)información, los pensamientos catastróficos y los sentimientos agobiantes se apoderan de nosotres.

Les enfermos infectados por coronavirus, las personas confinadas en casa con problemas de salud mental, las criaturas, las personas sin hogar o en situaciones altamente vulnerables, las mujeres y menores víctimas de violencia doméstica y de género, les trabajadores de limpieza, servicios de cuidados y servicios de alimentación, les que están cubriendo servicios mínimos, les profesionales del sistema sanitario, muestran en el día a día el desgaste emocional llevado al máximo exponente.

En momentos así, entra en juego la salud mental y el bienestar psicológico. Se hace patente lo importante que es tener un acompañamiento emocional, en muchos casos, incluso a nivel profesional. Queda al descubierto la necesidad de que la sanidad vaya más allá del amparo a un nivel físico y cubra una atención psicológica. Se observan e intuyen trastornos de ansiedad, pánico, depresión, adaptativos, de estrés post-traumático, en un simple vistazo. Y es en este marco, cuando se hace un llamamiento generalizado a los profesionales de la psicología.

Se crean listas de atención telefónica en distintos ámbitos. Nos apuntamos, de cabeza, por esa sensación de “juntxs vamos a salir de esto” y de “voy a intentar ayudar y apoyar desde casa, ese esfuerzo que muches están haciendo en el terreno”. Se hace una llamada al cuidado, y te sale, a mí por lo menos, tu cuidadora inconsciente, como mujer, como psicóloga y como trabajadora del medio social.

Listas y listas a las que nos anexamos profesionales que ya estamos gestionando nuestro trabajo de por sí. Por ejemplo, yo sigo atendiendo por teléfono a lxs usuarixs de mi puesto de trabajo, atendiendo problemas de ansiedad, reexperimentaciones traumáticas, situaciones de estrés..., y cubriendo los servicios de emergencia de la entidad. Pero aun así, me apunto. Aunque yo tenga que gestionar mi trabajo, mis propias emociones, el estar lejos de lxs míxs, mi propio encierro y el de mis personas queridas, la cancelación de actividades que no sé si volveré a recuperar… Aunque tenga que gestionar mis mil movidas y mi propio proceso, me apunto. Pero todo parecía okay.

Hasta ayer, que me llegó un llamamiento para psicólogxs, en el que se pide que acudamos de manera voluntaria a la UCI a apoyar a pacientes con diagnóstico de COVID-19 y al profesional que está trabajando allí sin descanso, y por tanto, superado, saturado y quemado. El mismo llamamiento que ha hecho uno a uno todos los COPs (Colegio Oficial de Psicología) de las diferentes regiones de España.

Todo guay, todo bien, todo bueno rollo. Genial. Todo sea por la empatía, la cooperación y el arrimar el hombro.

Pero de repente, me subió un calor desde las entrañas, y solté en pleno grupo familiar repleto de doctores ¿por qué coño tenemos que ser siempre les psicólogxs los más p*** pringadxs? ¿por qué tenemos que ser siempre lxs profesionales menos valoradxs en el día a día, pero los que parecemos indispensables cuando todo el mundo está saturado en tiempo de crisis? ¿por qué tenemos que ser los primeros a los que se recurre para trabajar gratis? Sí, gratis. No nos engañemos con eso de la buena fe y el voluntariado, porque hay que llamarlo por su nombre. Trabajo gratis.

No veo movimientos, pots o stories de Instagram en los que se pida al profesional sanitario que vaya a trabajar gratis a los hospitales. Los órganos públicos de sanidad se están movilizando para reclutar a gente, para mover las bolsas de salud, para llamar a recién graduados, incluso plateándose reincorporar a los que se acaban de jubilar. Pero no veo que lo estén pidiendo gratis. No.

Recuerdo que los psicólogos también somos profesional sanitario, también estamos y deberíamos de estar en mayor medida en los centro médicos, en los hospitales, en urgencias y en cuidados intensivos. Esto debería hacer que nos replanteáramos el valor que le damos a la salud mental, y por ende a sus profesionales.

Trabajar como psicóloga de emergencias y catástrofes no es presentarte allí, ayudar, dar dos palmaditas, escuchar y aliviar las cosas. No. Conlleva un desgaste emocional para el propio profesional, un esfuerzo, una formación, un poner el cuerpo. Si no estamos pidiendo a lxs médicos, lxs enfermerxs, lxs auxiliares…, que están poniendo el alma en esta situación, que trabajen gratis ¿por qué tendrían que hacerlo lxs psicólogxs? Es decir, para ayudar a otrxs, estamos pidiendo que llegue una tercera persona que, gratuitamente, les acompañe en este proceso, y se cargue con todo, así, sin más, por simple altruismo.

Tampoco me parece justo que se recurra a los profesionales de la psicología cuando hay una crisis, pero no se aumenten las plazas de PIR o plazas de atención en crisis y emergencias. Me parece maravilloso que se creen servicios de atención gratuita, lo cual permita ofrecer cuidados a las personas que no se lo puedan permitir, pero no comparto que los profesionales no cobren ni un duro. O que usen estos servicios personas que sí se pueden permitir pagar un psicólogx.

Proponer atención psicológica a base de voluntariado es un arma de doble filo. Por un lado, hace patente lo poco valorada que está la profesionalidad de esta tarea, "porque total, que lo haga un voluntario". Y por otro lado, abre la puerta a prácticas poco profesionales, quiero decir, no todxs lxs psicólogxs estamos preparados para atender en crisis, y por tanto, inscribirte a una lista de voluntarixs no te da las herramientas para hacerlo. La especialidad en asistencia en crisis, catástrofes y emergencias existe por algo: para garantizar que las personas atendidas puedan recibir un servicio de calidad, y que las personas que atienden se sientan con la soltura para hacerlo cómodamente. No se debería de tirar de una lista de voluntarixs.

Lxs psicólogxs sabemos mucho de esto, del uso del voluntariado en nuestros puestos de trabajo. ¿Por qué? Porque nuestro trabajo no se valora; porque es un trabajo que se puede hacer en la mesa de un bar; porque para ir al psicólogo ya le cuento los problemas a mi amiga; porque como eres activista, lo podrías hacer gratis ¿no?; porque te pregunto por las redes sociales (o en blablacar) y te cuento mi vida y quiero una solución rápida y en el momento. Porque como te mueves en el ámbito social, mejor nos sustentamos en voluntarixs en vez de buscar a un profesional, que sale más rentable.

Sí, lxs psicólogxs sabemos de todas las barreras sociales que hay para valorar la profesión, y esta mentalidad está cambiando, pero lo que no me parece ni medio aceptable es que desde los propios compañerxs sanitarios o desde el mismo COP no se valore la propia profesión y se pida que trabajamos gratis o que el trabajo de acompañamiento psicológico se haga a base de voluntariado.

Hay que arrimar el hombro, sí. Hay que colaborar, ayudar y cooperar, sí. Pero si algo está resaltando esta crisis es la importancia de los cuidados. Del sistema sanitario. De la interdependencia del ser humano y de la necesidad que tenemos les unes de les otres. Y yendo más allá, la importancia de cuidar los cuidados y a las personas que cuidan.

Dentro del autocuidado, y el cuidado a las personas que cuidan, también entra el exigir profesionalidad y remunerarla como tal.

(Auto)Cuidados frente al COVID-19

(Auto)Cuidados frente al COVID-19

Estamos en cuarentena. Cuarentena por el coronavirus. Hemos pasado de verlo como algo lejano, hacer bromas y una primera fase de no creérnoslo y hacer nada; a un declarado estado de alarma en todo España, arrasar con supermercados, entrar en pánico y extremar precauciones de contagio. Se han cerrado centros educativos, bares y terrazas, cancelado eventos o tomado medidas de teletrabajo.

Podemos hacer muchísimas lecturas de esta situación. Nos permite un tiempo para parar, reflexionar, descansar, momento de introspección, desintoxicación del aire, desarrollar la creatividad, estar más cerca de los nuestros... Pero las preocupaciones, el miedo y la intranquilidad vienen de la mano.

No sabemos qué va a pasar, ni a nivel económico, ni a nivel sanitario, ni a nivel social. En los dos días me han cancelado actividades de cierre de curso. Les autónomos ven peligrar su economía. Hay personas mayores, dependientes o con patologías de riesgo a nuestro alrededor. Vienen a nuestra mente pensamientos catastrofistas, que nos ahogan. Llega un bombardeo continuo del tema, el monotema. En los grupos de whatsapp solo se habla de esto, memes, cifras alarmantes, noticias y bulos. Todo esto nos absorbe generando ansiedad, malestar, tristeza, miedo, pánico...

Hay un miedo funcional, el miedo es lo que nos hace preocuparnos por nuestra salud y hace que nos tomemos en serio las medidas declaradas. Si no estuviera este miedo, pasaríamos a ignorar todo y seguir con una vida normal sin tener en cuenta el impacto de nuestros actos. Sin embargo, cuando este miedo pasa el límite, llega el pánico, pensamos individualmente y sin empatía, entramos en colapso de la sociedad y del sistema sanitario. Esta histeria ha provocado que sea casi imposible encontrar papel higiénico o que les sanitarios estén al límite de existencias de mascarillas. Pánico, ansiedad, desinformación, egoísmo, intranquilidad, falta de empatía y control.

Se ha instaurado el #yomequedoencasa como medida para protegernos entre todes, como sociedad, y para favorecer el desempeño del equipo sanitario que están trabajando sin descanso (literalmente), y el de los servicios de alimentación, farmacias y otros servicios mínimos que permanecen abiertos.

Tenemos tiempo y nos sobran preocupaciones y agobios ¿qué podemos hacer? Es tiempo de (auto)cuidados y de preocuparnos, no solo por la salud física, sino también por el bienestar psicológico. El encierro, el pánico y un futuro incierto afectan directamente a nuestra salud mental.

Os dejo aquí algunos consejos:

  • Desahógate, grita, llora, habla, escribe… lo que necesites para expresar tus sentimientos, como te encuentras y cómo estás viviendo todo esto. Sácalo. Airéalo. Y eso ayudará a que disminuya. Negarlo y guardártelo bien dentro no va a reducir el malestar, simplemente es esconderlo debajo de la alfombra. Es normal que te sientas preocupade, es normal que tengas miedo o pánico. Seguramente, después de expresarlo y de compartirlo, te sientas un poquito mejor, con menos peso y más descansado.
  • Respira, medita, busca ejercicios de relajación. Todo esto aliviará la ansiedad, aprender a controlar esa presión en el pecho, ese malestar cada vez que piensas en lo que puede pasar. Respira. Lento. Y deja que esa presión se deshaga un poco.
  • No dejes ir a tus pensamientos. Es fácil entrar en un bucle de pensamientos catastrofistas sobre lo que puede pasar en un futuro, y estos pensamientos pueden llegar a controlarnos y llevarnos a una situación de ataque de pánico, ansiedad o tristeza profunda. Trae tus pensamientos al ahora. No sabemos que va a pasar mañana, no sabemos qué va a pasar cuando se acabe la cuarentena. Solo sabemos que hoy por hoy, estamos haciendo todo lo posible para que está situación permanezca bajo control: no exponiéndote a riegos innecesarios, sabiendo cual es el protocolo de higiene, controlando la situación en el día a día. La situación es esta y de momento no la podemos cambiar.
  • Deporte en casa. De normal hay muchísimos vídeos con ejercicios de todo tipo, además se están moviendo muchas actividades online. Busca la que más te motive para sentirte activx y estar entretenidx.
  • Prepárate la lista de todo lo que puedes hacer en casa. Quizás tenga una pila de libros en pendientes (como yo), o manualidades, o películas y series, o apuntes que pasar a limpio, o probar recetas… Os dejo la cuenta @yoencasita que da muchísimas ideas. Ponte al día con todas esas cosas que tienes en pendiente.
  • Haz cosas fuera del coronavirus. En esa lista, apunta cosas fuera del monotema. Lo que te hagan desconectar, pensar en otras cosas. Está bien pensar en otras cosas y dejar que el coronavirus controle nuestra mente.
  • Desconecta de redes sociales, grupos de whatsapp o noticias. Estar informado es positivo para saber que está pasando, como avanza el tema y que hacer; pero también nos llegan bulos y nuestra cabeza es incapaz de desconectar y de relajarse, permaneciendo en continua alerta y preocupación.
  • Conéctate con los tuyos cerca y lejos. Si estas de encierro en casa, es el momento para retomar actividades de la casa, por ejemplo, fomentar la corresponsabilidad del hogar; o hacer cosas con los más peques o la pareja. Si estás lejos: videollamadas, Skype o cafés/cervezas online puede ayudarte a sentirte conectado.

Espero que esto pueda ayudar a sentirte algo mejor y a cuidarte y cuidar a otrxs. Estamos juntes en esto, como sociedad, y solo saldremos de la mejor forma posible si seguimos unides.

PD: gracias a todes los que están trabajando sin descanso estos días: personal sanitario, personal de limpieza, trabajadores de supermercados y tiendas de alimentación, servicios mínimos... MUCHAS GRACIAS