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Tiempos de crisis y psicología de voluntariado

Tiempos de crisis y psicología de voluntariado

No cabe ni que decir que estamos viviendo una situación de crisis. Nueva, anómala, desconocida e incierta. Todes lo estamos viviendo en nuestras propias carnes y estamos sintiendo, en mayor o menor medida, un impacto en nuestro bienestar. Lejos de nuestros seres queridos, el miedo y la desesperanza, la incertidumbre y el estrés, los nervios y la (des)información, los pensamientos catastróficos y los sentimientos agobiantes se apoderan de nosotres.

Les enfermos infectados por coronavirus, las personas confinadas en casa con problemas de salud mental, las criaturas, las personas sin hogar o en situaciones altamente vulnerables, las mujeres y menores víctimas de violencia doméstica y de género, les trabajadores de limpieza, servicios de cuidados y servicios de alimentación, les que están cubriendo servicios mínimos, les profesionales del sistema sanitario, muestran en el día a día el desgaste emocional llevado al máximo exponente.

En momentos así, entra en juego la salud mental y el bienestar psicológico. Se hace patente lo importante que es tener un acompañamiento emocional, en muchos casos, incluso a nivel profesional. Queda al descubierto la necesidad de que la sanidad vaya más allá del amparo a un nivel físico y cubra una atención psicológica. Se observan e intuyen trastornos de ansiedad, pánico, depresión, adaptativos, de estrés post-traumático, en un simple vistazo. Y es en este marco, cuando se hace un llamamiento generalizado a los profesionales de la psicología.

Se crean listas de atención telefónica en distintos ámbitos. Nos apuntamos, de cabeza, por esa sensación de “juntxs vamos a salir de esto” y de “voy a intentar ayudar y apoyar desde casa, ese esfuerzo que muches están haciendo en el terreno”. Se hace una llamada al cuidado, y te sale, a mí por lo menos, tu cuidadora inconsciente, como mujer, como psicóloga y como trabajadora del medio social.

Listas y listas a las que nos anexamos profesionales que ya estamos gestionando nuestro trabajo de por sí. Por ejemplo, yo sigo atendiendo por teléfono a lxs usuarixs de mi puesto de trabajo, atendiendo problemas de ansiedad, reexperimentaciones traumáticas, situaciones de estrés..., y cubriendo los servicios de emergencia de la entidad. Pero aun así, me apunto. Aunque yo tenga que gestionar mi trabajo, mis propias emociones, el estar lejos de lxs míxs, mi propio encierro y el de mis personas queridas, la cancelación de actividades que no sé si volveré a recuperar… Aunque tenga que gestionar mis mil movidas y mi propio proceso, me apunto. Pero todo parecía okay.

Hasta ayer, que me llegó un llamamiento para psicólogxs, en el que se pide que acudamos de manera voluntaria a la UCI a apoyar a pacientes con diagnóstico de COVID-19 y al profesional que está trabajando allí sin descanso, y por tanto, superado, saturado y quemado. El mismo llamamiento que ha hecho uno a uno todos los COPs (Colegio Oficial de Psicología) de las diferentes regiones de España.

Todo guay, todo bien, todo bueno rollo. Genial. Todo sea por la empatía, la cooperación y el arrimar el hombro.

Pero de repente, me subió un calor desde las entrañas, y solté en pleno grupo familiar repleto de doctores ¿por qué coño tenemos que ser siempre les psicólogxs los más p*** pringadxs? ¿por qué tenemos que ser siempre lxs profesionales menos valoradxs en el día a día, pero los que parecemos indispensables cuando todo el mundo está saturado en tiempo de crisis? ¿por qué tenemos que ser los primeros a los que se recurre para trabajar gratis? Sí, gratis. No nos engañemos con eso de la buena fe y el voluntariado, porque hay que llamarlo por su nombre. Trabajo gratis.

No veo movimientos, pots o stories de Instagram en los que se pida al profesional sanitario que vaya a trabajar gratis a los hospitales. Los órganos públicos de sanidad se están movilizando para reclutar a gente, para mover las bolsas de salud, para llamar a recién graduados, incluso plateándose reincorporar a los que se acaban de jubilar. Pero no veo que lo estén pidiendo gratis. No.

Recuerdo que los psicólogos también somos profesional sanitario, también estamos y deberíamos de estar en mayor medida en los centro médicos, en los hospitales, en urgencias y en cuidados intensivos. Esto debería hacer que nos replanteáramos el valor que le damos a la salud mental, y por ende a sus profesionales.

Trabajar como psicóloga de emergencias y catástrofes no es presentarte allí, ayudar, dar dos palmaditas, escuchar y aliviar las cosas. No. Conlleva un desgaste emocional para el propio profesional, un esfuerzo, una formación, un poner el cuerpo. Si no estamos pidiendo a lxs médicos, lxs enfermerxs, lxs auxiliares…, que están poniendo el alma en esta situación, que trabajen gratis ¿por qué tendrían que hacerlo lxs psicólogxs? Es decir, para ayudar a otrxs, estamos pidiendo que llegue una tercera persona que, gratuitamente, les acompañe en este proceso, y se cargue con todo, así, sin más, por simple altruismo.

Tampoco me parece justo que se recurra a los profesionales de la psicología cuando hay una crisis, pero no se aumenten las plazas de PIR o plazas de atención en crisis y emergencias. Me parece maravilloso que se creen servicios de atención gratuita, lo cual permita ofrecer cuidados a las personas que no se lo puedan permitir, pero no comparto que los profesionales no cobren ni un duro. O que usen estos servicios personas que sí se pueden permitir pagar un psicólogx.

Proponer atención psicológica a base de voluntariado es un arma de doble filo. Por un lado, hace patente lo poco valorada que está la profesionalidad de esta tarea, "porque total, que lo haga un voluntario". Y por otro lado, abre la puerta a prácticas poco profesionales, quiero decir, no todxs lxs psicólogxs estamos preparados para atender en crisis, y por tanto, inscribirte a una lista de voluntarixs no te da las herramientas para hacerlo. La especialidad en asistencia en crisis, catástrofes y emergencias existe por algo: para garantizar que las personas atendidas puedan recibir un servicio de calidad, y que las personas que atienden se sientan con la soltura para hacerlo cómodamente. No se debería de tirar de una lista de voluntarixs.

Lxs psicólogxs sabemos mucho de esto, del uso del voluntariado en nuestros puestos de trabajo. ¿Por qué? Porque nuestro trabajo no se valora; porque es un trabajo que se puede hacer en la mesa de un bar; porque para ir al psicólogo ya le cuento los problemas a mi amiga; porque como eres activista, lo podrías hacer gratis ¿no?; porque te pregunto por las redes sociales (o en blablacar) y te cuento mi vida y quiero una solución rápida y en el momento. Porque como te mueves en el ámbito social, mejor nos sustentamos en voluntarixs en vez de buscar a un profesional, que sale más rentable.

Sí, lxs psicólogxs sabemos de todas las barreras sociales que hay para valorar la profesión, y esta mentalidad está cambiando, pero lo que no me parece ni medio aceptable es que desde los propios compañerxs sanitarios o desde el mismo COP no se valore la propia profesión y se pida que trabajamos gratis o que el trabajo de acompañamiento psicológico se haga a base de voluntariado.

Hay que arrimar el hombro, sí. Hay que colaborar, ayudar y cooperar, sí. Pero si algo está resaltando esta crisis es la importancia de los cuidados. Del sistema sanitario. De la interdependencia del ser humano y de la necesidad que tenemos les unes de les otres. Y yendo más allá, la importancia de cuidar los cuidados y a las personas que cuidan.

Dentro del autocuidado, y el cuidado a las personas que cuidan, también entra el exigir profesionalidad y remunerarla como tal.

(Auto)Cuidados frente al COVID-19

(Auto)Cuidados frente al COVID-19

Estamos en cuarentena. Cuarentena por el coronavirus. Hemos pasado de verlo como algo lejano, hacer bromas y una primera fase de no creérnoslo y hacer nada; a un declarado estado de alarma en todo España, arrasar con supermercados, entrar en pánico y extremar precauciones de contagio. Se han cerrado centros educativos, bares y terrazas, cancelado eventos o tomado medidas de teletrabajo.

Podemos hacer muchísimas lecturas de esta situación. Nos permite un tiempo para parar, reflexionar, descansar, momento de introspección, desintoxicación del aire, desarrollar la creatividad, estar más cerca de los nuestros... Pero las preocupaciones, el miedo y la intranquilidad vienen de la mano.

No sabemos qué va a pasar, ni a nivel económico, ni a nivel sanitario, ni a nivel social. En los dos días me han cancelado actividades de cierre de curso. Les autónomos ven peligrar su economía. Hay personas mayores, dependientes o con patologías de riesgo a nuestro alrededor. Vienen a nuestra mente pensamientos catastrofistas, que nos ahogan. Llega un bombardeo continuo del tema, el monotema. En los grupos de whatsapp solo se habla de esto, memes, cifras alarmantes, noticias y bulos. Todo esto nos absorbe generando ansiedad, malestar, tristeza, miedo, pánico...

Hay un miedo funcional, el miedo es lo que nos hace preocuparnos por nuestra salud y hace que nos tomemos en serio las medidas declaradas. Si no estuviera este miedo, pasaríamos a ignorar todo y seguir con una vida normal sin tener en cuenta el impacto de nuestros actos. Sin embargo, cuando este miedo pasa el límite, llega el pánico, pensamos individualmente y sin empatía, entramos en colapso de la sociedad y del sistema sanitario. Esta histeria ha provocado que sea casi imposible encontrar papel higiénico o que les sanitarios estén al límite de existencias de mascarillas. Pánico, ansiedad, desinformación, egoísmo, intranquilidad, falta de empatía y control.

Se ha instaurado el #yomequedoencasa como medida para protegernos entre todes, como sociedad, y para favorecer el desempeño del equipo sanitario que están trabajando sin descanso (literalmente), y el de los servicios de alimentación, farmacias y otros servicios mínimos que permanecen abiertos.

Tenemos tiempo y nos sobran preocupaciones y agobios ¿qué podemos hacer? Es tiempo de (auto)cuidados y de preocuparnos, no solo por la salud física, sino también por el bienestar psicológico. El encierro, el pánico y un futuro incierto afectan directamente a nuestra salud mental.

Os dejo aquí algunos consejos:

  • Desahógate, grita, llora, habla, escribe… lo que necesites para expresar tus sentimientos, como te encuentras y cómo estás viviendo todo esto. Sácalo. Airéalo. Y eso ayudará a que disminuya. Negarlo y guardártelo bien dentro no va a reducir el malestar, simplemente es esconderlo debajo de la alfombra. Es normal que te sientas preocupade, es normal que tengas miedo o pánico. Seguramente, después de expresarlo y de compartirlo, te sientas un poquito mejor, con menos peso y más descansado.
  • Respira, medita, busca ejercicios de relajación. Todo esto aliviará la ansiedad, aprender a controlar esa presión en el pecho, ese malestar cada vez que piensas en lo que puede pasar. Respira. Lento. Y deja que esa presión se deshaga un poco.
  • No dejes ir a tus pensamientos. Es fácil entrar en un bucle de pensamientos catastrofistas sobre lo que puede pasar en un futuro, y estos pensamientos pueden llegar a controlarnos y llevarnos a una situación de ataque de pánico, ansiedad o tristeza profunda. Trae tus pensamientos al ahora. No sabemos que va a pasar mañana, no sabemos qué va a pasar cuando se acabe la cuarentena. Solo sabemos que hoy por hoy, estamos haciendo todo lo posible para que está situación permanezca bajo control: no exponiéndote a riegos innecesarios, sabiendo cual es el protocolo de higiene, controlando la situación en el día a día. La situación es esta y de momento no la podemos cambiar.
  • Deporte en casa. De normal hay muchísimos vídeos con ejercicios de todo tipo, además se están moviendo muchas actividades online. Busca la que más te motive para sentirte activx y estar entretenidx.
  • Prepárate la lista de todo lo que puedes hacer en casa. Quizás tenga una pila de libros en pendientes (como yo), o manualidades, o películas y series, o apuntes que pasar a limpio, o probar recetas… Os dejo la cuenta @yoencasita que da muchísimas ideas. Ponte al día con todas esas cosas que tienes en pendiente.
  • Haz cosas fuera del coronavirus. En esa lista, apunta cosas fuera del monotema. Lo que te hagan desconectar, pensar en otras cosas. Está bien pensar en otras cosas y dejar que el coronavirus controle nuestra mente.
  • Desconecta de redes sociales, grupos de whatsapp o noticias. Estar informado es positivo para saber que está pasando, como avanza el tema y que hacer; pero también nos llegan bulos y nuestra cabeza es incapaz de desconectar y de relajarse, permaneciendo en continua alerta y preocupación.
  • Conéctate con los tuyos cerca y lejos. Si estas de encierro en casa, es el momento para retomar actividades de la casa, por ejemplo, fomentar la corresponsabilidad del hogar; o hacer cosas con los más peques o la pareja. Si estás lejos: videollamadas, Skype o cafés/cervezas online puede ayudarte a sentirte conectado.

Espero que esto pueda ayudar a sentirte algo mejor y a cuidarte y cuidar a otrxs. Estamos juntes en esto, como sociedad, y solo saldremos de la mejor forma posible si seguimos unides.

PD: gracias a todes los que están trabajando sin descanso estos días: personal sanitario, personal de limpieza, trabajadores de supermercados y tiendas de alimentación, servicios mínimos... MUCHAS GRACIAS

Sola, borracha, quiero llegar a casa

Sola, borracha, quiero llegar a casa

Llega la cuenta atrás para el 8M y este año se ha resaltado el lema tan gritado en las manifestaciones feministas y de apoyo a víctimas de agresiones sexuales “Sola, borracha, quiero llegar a casa”.

Me encanta. Sin duda es una de las reivindicaciones actuales más señaladas y necesarias del movimiento feminista: las agresiones sexuales y la culpabilidad de las mismas.

Esto me hace recordar muchas cosas. En primer lugar recuerdo cuando estaba en la ESO (creo que tercero) y vino una psicóloga que trabajaba con víctimas/supervivientes de agresiones sexuales a hablarnos sobre la violación. En mi memoria no tengo todo lo que nos dijo. Lo que sí quedó perfectamente es que nos comentó que mi barrio, el Actur, era donde el índice de violaciones era mayor de toda Zaragoza. También recuerdo que nos dio consejos para prevenir una violación. PARA PREVENIR.

Después de esta charla entró la paranoia en mi casa. Yo estaba en época de empezar a salir con mis amigas y cada vez que lo hacía tenía que realizar todo un ritual en el camino de vuelta a casa.

Llegar acompañada lo máximo posible. Si por lo que fuera, no salía con las amigas que vivían dos portales más abajo de mi calle, iba hablando por teléfono con mi padre o mi madre durante el camino. Cuando estaba de camino para casa, tenía que hacer una perdida. Doblaba la esquina, y ahí estaba, mi padre o mi madre asomados al balcón. Yo tenía que saludar en la distancia para que cualquier posible agresor viera que yo estaba vigilada. Empezaba a sacar las llaves. Cuando me acercaba al portal, tenía que llamar al timbre, aunque llevase las llaves en la mano, porque nos habían explicado que “pueden cogerte en el mismo portal y para que tu familia sospeche que estás tardando mucho en subir”. Y ya subía a mi casa. Y todes respirábamos tranquilamente porque había llegado a casa sana y salva.

Recuerdo esto muy nítidamente. Recuerdo que mi padre me iba a buscar a los sitios donde salía de fiesta para que no tuviera que volverme a casa sola de madrugada.

Recuerdo taxistas diciéndome “tranquila, espero a que entres en el portal” o pedírselo yo misma.

Recuerdo acelerar el paso en cuanto me separaba de mis amigas porque cada una se iba hacia su casa.

Recuerdo decir entre mis amigas “avisa cuando llegues a casa” y un whatsapp de “¿pero has llegado ya?”. O que mis amigos me lo pidieran a mí, pero yo no a ellos.

Recuerdo miedo cuando veía a alguien venir de frente por la calle. O cuando escuchabas a alguien caminado detrás. También recuerdo sentir alivio al darme cuenta de que ese alguien era una chica.

Recuerdo cruzar una esquina y encontrarme con algún grupo de chicos y que me dijeran cualquier cosa. Escalofrío. O sentir miedo sin que llegaran a decir nada.

Recuerdo ir andando por la calle y que un coche redujera la velocidad, bajase la ventanilla y un tío me dijera “¿a dónde vas tan solita?”.

Recuerdo ese “no dejes la copa nunca” y el “no bebas del vaso de otra persona”. Recuerdo estar súper pendiente de mi bebida en la discoteca e historias de amigas que han visto como les echaban algo en la copa.

Recuerdo salir de fiesta con una amiga. Irnos de la discoteca camino a casa y que dos chicos nos acompañaran haciendo la broma. Continuar de risas (manteniendo la distancia y sin acercar posiciones) y ellos querer subir a casa con nosotras. Decirles que no. Insistir. Decir que no. Intentar entrar. Decir que no. Y finalmente, por suerte, irse.

Recuerdo estar de fiesta con alguna amiga que iba borracha y que se le acercarse un chaval interesado porque iba tan ebria que lo veía un blanco fácil.

Recuerdo estar en un bar, discoteca, autobús, en la calle, y que me tocaran el culo.

Recuerdo tener diez años e ir de camino al colegio con mis amigas y ver a un hombre masturbándose mientras nos miraba.

Recuerdo, recuerdo, recuerdo.

Pero no son solo recuerdos, no son cosas del pasado. Pero no son solo recuerdos míos, sino historias colectivas de todas las mujeres. De hecho, ayer subí una historia preguntando estrategias que seguimos cuando vamos solas de noche, y situaciones de agresiones o miedo que hemos vivido, y hubo muchísimas respuestas. Respuestas repetidas y similares.

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El miedo, real o subjetivo, está ahí. El miedo se nos ha inculcado desde el mismo momento en el que nos dan una charla en el instituto sobre cómo nosotras podemos evitar una violación. En el momento en que mi familia se híper preocupa cada vez que salgo de fiesta y miedo no existe cuando los hijos son varones.

Miedo imaginario porque te lo meten en la mente desde que naces con vulva y lo sientes aunque no haya una amenaza aparente. Miedo real porque efectivamente ha habido chicos que me han seguido, me han agredido en sitios públicos o me han acosado verbalmente por la calle.

Detrás de ese whatsapp de “¿llegaste a casa?”, está un miedo implícito a que algún día no llegues. Es un miedo inculcado desde la sociedad, la cultura y la familia, porque se da por hecho que en cualquier momento puedes ser una víctima más. Porque eres mujer. Ellos también tienen miedo, y pueden tenerlo a que les roben, a que les agredan, a que les peguen, pero nunca van a tener miedo a que una mujer les siga y les viole, o les agreda sexualmente. Es otro tipo de miedo, es un miedo añadido por ser mujer.

Esta violencia, ese no llegar, no va a ser responsabilidad de tu comportamiento, sino del comportamiento del agresor. El problema no está en que las mujeres vayamos solas por la calle de noche, que llevemos falda corta o escote, que vengamos de fiesta o de la biblioteca, que estemos borrachas o sobrias. El problema está en que el agresor se cree con la libertad de poder ejercer violencia sobre una mujer.

No es cuestión de dejar atrás todas esas estrategias de autocuidado y de protección entre hermanas. No es cuestión de “yo voy sola, no pasa nada, tiro pa’lante porque no debería de tener miedo porque es una mierda tener miedo y no es justo y soy una mujer valiente y blablablá” (yo he pasado por eso). Es cuestión de que se entienda, desde la sociedad y desde la masculinidad, que el acoso callejero no es una broma, y que la violencia sexual, es eso, violencia.

Borrachas y sobrias. Solas y acompañadas. Con un traje de buzo o desnudas. Tenemos que llegar a casa.

No es cuestión de ser valientes. Es cuestión de ser libres.

#PSIQUEVOY

#PSIQUEVOY

Desde la promoción 2016 - 2020 del grado de psicología de UNIZAR (Campus de Teruel) han creado esta iniciativa llamada #PsiQueVoy para hablar sobre la terapia e ir al psicólogo/a, derribar tabús sobre este tema y normalizarlo.

Puedes hacerte una foto con el cartel y hablar sobre tu experiencia, o simplemente visibilizar que no pasa nada por ir al psicólogo y por recibir la ayuda de un/a profesional. Me encanta la idea, me encanta la generación y me encanta ir a terapia, así que me uno a ella.

#PsiQueVoy a la psicóloga🧠💜 @psiquevoy

1️⃣Decidí ir por primera vez cuando estaba en 4º de carrera con 21 años (encontré un psicólogo que me hacía precio por ser estudiante) porque estaba en una relación bastante mal equilibrada (yo no lo veía aún). Pero, no era mi momento. Tenía miedo a contarle todo por lo que estaba pasando y no me acababa de sentir cómoda con él, así que lo acabé dejando 🤐

2️⃣Dos años más tarde, cuando toda la situación petó 💣 Después de ataques de ansiedad (incluso en medio de las discotecas) 🥵 de no poder dormir, de pesadillas continuas 🤯 de despertarme llorando 😭 de tener que dormir acompañada (bendita la que me aguantó esa época), de somatizaciones varias 🤮🤕, decidí volver a probar, y encontré a una psicóloga MARAVILLOSA con perspectiva de género y feminista, a la que adoro. Ir a terapia se convirtió en la mejor hora de la semana. Me escuchaba, me entendía, me recogía, no me juzgaba, me ayudó a nombrar lo vivido, a entender cosas de mí, de mi entorno, de mi familia, de mi infancia... Me ayudó a crecer como persona y como psicóloga. Peeeero cambié de ciudad, y tuvimos que acabar. Eso sí que fue una dura ruptura sentimental 💔

3️⃣Hace unos meses he retomado con otra nueva. Por cuestiones profesionales y personales. Sigo teniendo mis taras, inseguridades, miedos, estreses varios, vulnerabilidades, zonas oscuras, presiones... 🥴 Además, acompañar a otras personas también supone un plus.

⏭Ir al psicólogx es algo precioso. Doloroso (a veces), pero entenderse, comprenderse, gestionarse, perdonarse, mejorar(se), sanar heridas enquistadas, reparar relaciones con otrxs... es un bonito proceso 💭👣 Y, por supuesto, como terapeuta, para acompañar a otrxs hay que hacerlo de calidad y eso implica revisarse. Ser psicólogx de profesión no implica saber hacerlo bien 👥

#PsiQueVoy y no estoy loca, o sí, pero no pasa nada. No pasa nada por reconocer que alguien profesional te acompaña en algo que no sabes/puedes hacer solx 🤝 Me encanta esta iniciativa de normalizar que se va al psicólogx, y especialmente entre profesionales del gremio, porque creedme, que donde he oído más resistencias a ir al psicólogx es entre propios psicólogxs. Sí, nosotrxs #PsiQueVamos 👌🏽💜🎆

La asistencia a las Jornadas de Sexualidad en el Campus de Teruel me permitió volver a mi facultad, reconectar con mi yo universitario y alucinar con las generaciones que han llegado detrás de la mía. También me ha hecho conocer iniciativas como esta, ver reflejada la ilusión y los miedos que yo tenía mi último año de carrera, y las ganas de emprender la psicología desde la profesionalidad y la pasión. He conocido y conectado con gente maravillosa y he aprendido (aprendo) de ellxs, mucho. Volver sentir lo bonita que es la etapa universitaria y la psicología como elección.

Lo N-O-R-M-A-L es…

Lo N-O-R-M-A-L es…

Muchas veces he oído en terapia eso de "yo lo único que quiero es ser normal". NO-RRR-MALL. Pronunciando la R con fuerza. Pero ¿qué es ser normal?

Precisamente de esa preocupación y de ese sentimiento de querer seguir la norma es de donde derivan muchos malestares emocionales y sociales. Encajar en una definición, seguir a la mayoría, hacer lo que se presupone que tenemos que hacer, marcar cierta diferencia por ser original, pero no demasiado… En definitiva, no ser marcados como un bicho raro o una excepción. Y cuando nuestro "yo real" no está dentro de ese "yo normativo" por cualquier razón, se produce una penalización (al menos por parte de la sociedad) que nos recuerda que estás fuera. FUERA. Fuera del grupo, fuera de la sociedad, fuera de tus iguales. Fuera porque hay algo mal en ti. Lo cual repercute en la autoestima, en el sentido de pertenencia y en el yo en sí mismo.

Según la RAE normal significa:

  1. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.
  2. Habitual u ordinario.
  3. Que sirve de norma o regla.
  4. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Es decir, que lo normal es lo que sigue unas normas sociales que se han puesto con anterioridad. Estas normas pueden estar basadas en un hecho mayoritario o no, ya que son establecidas de manera arbitraria. Aquellxs que hacen las normas, las hacen en base a su propio criterio, por tanto, su forma de ser se establece como la normal. Asimismo, lo normal y las normas están sujetas a una cultura, un momento histórico y una sociedad, por eso ha cambiado a lo largo de los años y por eso está en continuo cambio actualmente.

Éstas pueden ser útiles para establecer un orden, para organizar nuestra cabeza en base al mundo que tenemos alrededor y simplificar cosas. Pero también pueden dejar fuera a otra gran parte de la sociedad, que dentro de su diversidad individual, no encajan en esa norma. Además, sirven para justificar opresiones, discriminaciones y todo tipo de conductas de miedo hacia lo diverso (machismo, LGTBIQA+fóbias, xenofobia, aporofobia, racismo…)

Lo normal es que a las mujeres le gusten los hombres y a los hombres las mujeres.

Lo normal es que los hombres estén en los puestos altos de los gobiernos y de las grandes empresas.

Lo normal es ser cis.

Lo normal es pagar una hipoteca cuando tienes más de 30.

Lo normal es casarse.

Lo normal es tener hijxs.

Lo normal es ir a la universidad.

Lo normal es ser blancx y no racializadx. O si no lo eres, quedarte en tu país de nacimiento.

Lo normal es no tener ninguna diversidad funcional.

Lo normal es que las mujeres puedan llorar en público pero los hombres no.

Lo normal es tener un padre y una madre.

Lo normal es trabajar para una gran empresa.

Lo normal es querer más y más dinero.

Lo normal es que las mujeres se ocupen, en exclusiva, de los cuidados.

Lo normal es que los niños vayan de azul y las niñas de rosa.

Lo normal es estar siempre bien y alegre.

Lo normal es no tener problemas.

VAMOS, ¡LO NORMAL!

También veo en terapia un conjunto de actitudes, pensamientos o sentires que no están recogidos en la norma. En ser normal. Sin embargo, por eso no son menos válidos. Por un lado, porque si tú te sientes diferente a la norma y esto no implica una falta de libertad para los demás ¿qué problema hay? Por otro, es bastante común sentirse no normal, es decir, que esa normalidad es ficticia, es solo un concepto, y es tan tan tan tan restrictiva, tan limitante, que deja a muchísima gente fuera. La diversidad aporta muchísimo más que tener a mil clones haciendo, diciendo y sintiendo lo mismo.

La norma invisibiliza otras realidades. La norma es una mierda. Ser normal no tiene porque ser nuestro objetivo, te puedes pasar toda tu vida comportándote normal y pretendiendo que eres normal para buscar la aceptación. Fingiendo normalidad. Apartando y negando una parte de ti mismx. ¿Para qué? ¿Para qué buscar la aceptación a través una norma que genera un dolor interno? ¿Para qué buscar una normalidad que te oprime simplemente porque hay gente que ha decidido que eso es lo “normal”?

No sé por qué tanta gente tiene miedo a lo que no encaja en sus normas, cuando seguramente ellxs mismxs se han sentido no-normales en alguna situación. En la diversidad está la gracia, la chicha del asunto. Comprender que hay más realidades de las que nos hacen ver, aprender de otras visiones, de otras experiencias distintas a las nuestras y valorar lo otro.

Hablar de lo que hay más allá de la norma, no es atacar a las personas que sí consideran que encajan en la norma. Para nada. Es simplemente abrir el espectro y nuestro mundo para que cada uno se pueda sentir libre. La libertad de salirse de la norma cuándo y cómo lo necesite, sin que la sociedad lo persiga y reduciendo un posible malestar interno.

Así que tranquilos, todos nos hemos sentido no normales, y eso no es malo. Buscar la diferencia, hablar de diversidad, de otras visiones y luchar por ello solo pretende abrir la sociedad a una mayor tolerancia. Disminuir el rechazo y el dolor que genera estar fuera de la norma. Es una lucha que no ataca a la individualidad, que no pretende cambiar a las personas que encajan en la norma, sino ampliar. Hacer posible que las elecciones personales sean más libres sin cuestionarlas.

Como dice Jara Pérez López en su libro La locura como super poder:

Normal es solo un programa de la lavadora.

#YoTampocoSoyNormal

Viajar, instagram y ver más allá del mural – Monumental Callao

Viajar, instagram y ver más allá del mural – Monumental Callao

No soy de entrar a criticar a influencers, ni a cosas que se retratan en una sola imagen o tweet porque muchas veces hay mucha más información o hay una idea más desarrollada detrás que no cabe en una sola imagen o en 280 caracteres. Sin embargo, hay unas fotos que ha posteado @gotzonmantuliz que me han removido bastante como para escribir.

Su instagram es: Noa (su perra), activismo por la naturaleza, deporte y viajes. Lo que me gusta de él, aparte de que hace fotos muy bonitas de sus viajes y con la perra, es que parece mandar un mensaje más allá del postureo. Especialmente en cuanto a conciencia medio-ambiental, aprovechando sus viajes para visibilizar los estragos de la contaminación y del turismo no responsable, y también promover el respeto hacia los animales.

Hace unos días anunció que se iba a Perú de viaje (junto con otros instagramers a lo que no sigo ni voy a entrar en eso). Perú, ese país con el que yo siento tanta conexión emocional. Y yo estaba expectante para ver a través de sus ojos, que retratan tan bonito el mundo, lo que nos enseñaba de Perú.

Sus primeras insta-stories han sido en la isla de San Lorenzo, frente a La Punta de Callao. Y yo pensé “qué realidad más distinta muestra él de la que yo vi”. Mientras enseña cómo se baña con leones marinos y ve pelícanos, recuerdo que en esa playa, en esas costas he visto a menores drogarse y buscar en la basura, he escuchado "balaseras". Los Barracones, el lugar donde se organizan las mafias y el narcotráfico de todo el país. Está claro que es una realidad diferente. No pasa nada. Él ha ido a viajar y a disfrutar, y cuando lo hacemos no siempre palpamos la realidad del país o la ciudad. No pasa nada, es entendible. Yo también lo he hecho.

Pero lo que me removió de verdad es cuando retrató Monumental Callao, una iniciativa artística llevada a cabo en la zona límite entre La Punta, zona segura, y el Callao, concretamente los Barracones o zona Sur; la zona más peligrosa de todo el Perú. Dicha iniciativa, ya promovida en muchos otros lugares para sitios donde se combina la criminalidad, la pobreza y la violencia, tiene como objetivo conseguir un cambio social a través de lo artístico (ojo a la gentrificación, que eso también tiene para debatir). Hacerlo más bonito, promover iniciativas culturales, darle vida, llamar a la población a visitarla, etc. De hecho, ha subido unas fotos hermosas de los murales bajo el mensaje de “Un barrio que está emergiendo a través del Street Art” y como cierre: “Visita obligatoria”.

       

      

Yo recuerdo pasear por ahí con cierto miedo, con la precaución de vivir en Callao y saber cuál es la situación del barrio (de hecho cerca de ahí me intentaron agredir). Ir por calles perdiendo el rumbo embobados con los graffitis y que la gente de la zona te aconsejara que no sacaras la cámara o que fueras por otras calles. Porque sí, Monumental Callao es esto:

Fotos por Germix

Pero también es esto, todo lo que él reduce a un simple "está emergiendo":

Como he dicho al principio, no quiero poner el foco en él, porque quiero pensar que tiene un análisis más allá de las fotos que ha colgado. Ni quiero hacer un linchamiento como ha pasado con otrxs influencers. Lo que me ha hecho escribir este post es que si estás hablando de que se está recuperando un barrio a través de ésta súper iniciativa llamada Monumental Callao, no estaría mal hablar de cuál es esa situación social y cuál es esa realidad que pretenden mejorar. Porque es muy muy dura. Lo sé porque me lo han contado y siguen contando la gente de allí, lo sé porque he vivido y trabajado ahí. Y me niego a pensar que no la ha visto estando a dos calles de ahí.

Aquí es donde traigo la reflexión, para mí la primera, porque yo también lo he hecho cuando he viajado. Y me refiero a ir más allá. El no quedarnos solo en la foto, en lo bonito, en los colores, sino en conocer las culturas, conocer a las personas, conocer de verdad los sitios que vemos y su historia.

Una reflexión sobre cómo viajamos. Seguramente, después de ver estas insta-stories, ¿a quién no le apetecería visitarlo también? Y más con él “visita obligatoria” - recomendado por un influencer. Y después de esto, posiblemente vaya gente y vea el museo, y vea las actividades que ahí se hacen y los murales y les encanten. Y se queden con eso, con esa imagen, sin saber por qué se ha promovido esa iniciativa, porque el Callao necesita que se invierta en su realidad social. Y pasarán de La Punta a Miraflores sin ver más allá, siendo una etapa más del camino del viaje turístico a Perú.

Nos quedamos en la superficie y desde luego eso significa Instagram y los influencers muchas veces. Pero estas redes sociales también son denuncia, también son visibilización, también es remover. También hay personas que utilizan ese altavoz que se les ha dado para hablar. Pues bueno, usémoslo.

«Mediterráneamente»: la falta de humanidad de Europa

«Mediterráneamente»: la falta de humanidad de Europa

Estaba bañándome en la costa mediterránea, tranquilamente disfrutando de las olas, del sol, de haber llegado en mi coche cómodamente, de mis vacaciones pagadas y tras la cervecita del chiringuito, con cero preocupaciones.

Justo a unos metros tenía la típica plataforma flotante con un tobogán con jóvenes tirándose. La vi, y en un flash, me vinieron las imágenes que vemos en los telediarios de pateras con gente hacinada. Y seguido escuché en mi mente la entrevista que fui a ver en directo en Carne Cruda de Javier Gallego “Crudo” con Alba Flores y Rozalén (entrevista maravillosa por cierto), os transcribo un punto de la conversación (min 49):

 *Rozalén: Me parece muy dramático que nos estemos bañando en unas aguas, que de verdad, se está convirtiendo eso en una fosa común (…) es que claro, si no tienen un chaleco, esos cuerpos caen y nadie pregunta por ellos. Creo que la gente no sabe eso, o no, ni siquiera lo ha pensado, y nos estamos bañando en esas aguas, y nadie se alarma.

*Alba: Sí, que nosotros estamos en este país hablando de la memoria histórica y del derecho a encontrar a nuestros muertos y enterrarlos y esta gente nunca va a poder encontrar a sus muertos y enterrarlos (…) bastante contradictorio.

*Javier: Bueno hay una imagen muy terrible, que yo a veces digo, porque me parece la única manera de remover esta conciencia que a veces, que se nos adormila, y es que esos cuerpos que se funden en el mar, en esas fosas, son comidos por los pescaos, que después pescamos y nos comemos, porque aquí hay una suerte de canibalismo que es lo que estamos haciendo.

Y me salí rápidamente del agua porque no podía sacar esa imagen de mi cabeza. Mediterráneamente. Mediterránea la fosa común que hay entre Europa, África y Asia.

Todas esas personas buscando salvarse y perdiendo la vida en el intento. No solo porque intentan llegar a Europa como sea, sino porque Europa les da la espalda y prefiere que se hundan y mueran a unos metros de sus costas, que acogerlos y darles un apoyo y acompañamiento en lo que se supone que es el “primer mundo”, como está pasando con el Open Arms y ha pasado con cualquier otro barco a la deriva, con vidas humanas, con familias y sus historias de sufrimiento. Y por desgracia, seguirá pasando si no hay un cambio ya.

La migración siempre ha sido una parte del ser humano, tanto dentro de un país de zonas rurales a capitales, como entre países. Esa motivación por mejorar las condiciones vitales, oportunidades laborales o de estudios mueve a miles de personas, por ejemplo a mí, que he vivido en seis ciudades distintas, con 25 años, por motivos de trabajo. O que ha movido a mis amigxs a irse a Inglaterra, Alemania o Francia.

Pero qué pasa además cuando, no solo quieres mejorar algo tu vida, sino que huyes de un conflicto bélico, de la pobreza extrema, de las violencias machistas, de la explotación laboral o sexual, de que te persigan por tu orientación sexual o por tus ideas políticas. ¿Qué pasó hace no tanto en Europa durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Qué pasó hace poco en España durante la Guerra Civil? Que la gente no es que quiera mejorar su vida, es que quiere sobrevivir.

NADIE, nadie, querría dejar su país, su cultura, su familia, todo, si la situación fuera óptima para vivir allí. Nadie atravesaría países, desiertos, montañas, saltaría una valla, se colaría en un barco arriesgando su vida, perdiendo a familiares y amigxs porque sí. Nadie se metería en una patera, en hacinamiento, dejando su vida a la voluntad del mar, si tuviera cualquier otra opción.

Se nos olvida que el camino no es un paseo. Nosotrxs como españoles que llevamos en nuestra sangre y en nuestra historia la migración, que el mismo motor que llevó a mis bisabuelxs a irse a Argentina es el que mueve hoy en día la caravana migrante hacía Estados Unidos o a los sirios hacia Europa.

Vergüenza da que con la misma superioridad moral con la que nos autodenominamos como países desarrollados, sea con la que cerramos los ojos. Con esa misma moral con la que hemos saqueado sus recursos naturales, hemos generado guerras por propio interés, colonizamos repartiéndonos tierras y gente, impusimos una cultura y religión, y expropiamos cualquier cultura considerada de tercera, salvaje, indígena, no válida (y lo seguimos haciendo); con esa misma superioridad dejamos un barco con 107 personas 19 días a menos de un kilómetro de la costa Italiana.

Con la misma hipocresía que dedicamos dos semanas del verano a irnos a cualquier país de África, que ni sabíamos que existía, a “ayudar” y hacernos cuatro fotos rodeadas de menores racializados (entro aquí en la autocrítica), con esa misma hipocresía decimos “No, a mi país tú no vienes a vivir. No, tú quédate en el otro lado, que ya si eso voy yo con mi pasaporte europeo con el cual no tengo ningún problema a ir a donde quiera".

“En qué momento alguien dijo, en esa línea, vamos a dibujarla, tú vales más que yo, por estar allí, cuando la tierra nunca nos ha pertenecido” (Rozalén en la misma entrevista de Carne Cruda)

¿Cuándo vamos a entender que el dónde hemos nacido cada uno no ha sido más que azar? Que los que estamos a un lado de la valla podríamos haber caído en el contrario. Y que no es una cuestión de fronteras, banderas, gobiernos o nacionalidades. Es una cuestión de derechos humanos, empatía y humanidad.

“Si tenemos el mismo cuerpo, ¿por qué no la misma casa?

El mapa que nos separa”

PD: Y sí, si hiciera falta habría muchísima gente dispuesta a acogerlos en nuestras casas, para los que usan ese argumento (totalmente absurdo) para desacreditar que se pida #puertoseguroya para todas estas personas.

PD2: Igual deberíamos revisarnos nuestro racismo, sí racismo, que no aporafobia (link sobre racismo y aporafobia de Eva Serós).

Victoria’s Secret y sus Ángeles

Victoria’s Secret y sus Ángeles

Esta semana, aunque no hay confirmación oficial, se ha hablado de la posible cancelación del famoso desfile de los ángeles de Victoria's Secret. Y la polémica ya está servida. Sobre el ideal de belleza, la cosificación del cuerpo de la mujer, la libertad de ellas a hacer lo que quieran, la caída de unos de los iconos de la lencería...

El ideal de belleza es una construcción social. De hecho, la historia nos habla de cómo éste ha ido cambiando a lo largo de los años y de los períodos socio-culturales, repercutiendo especialmente al ideal de belleza femenina. Y ligado a esto, ha estado la presión dirigida hacía las mujeres para alcanzarlo no matter what.

Hace 5 años recuerdo como era un ideal muy muy delgado. El reconocimiento de esto como algo insano empezó a promover una alta preocupación por los TCAs (trastornos de conducta de la alimentación). En los últimos años el mundo de la moda ha estado envuelto en este tipo de debates, ya que se ha demostrado abiertamente la presión y exigencias que sufren lxs profesionales sobre su físico. Para contrarrestarlo, se pusieron unas medidas mínimas sobre peso para poder desfilar. De esta forma se pretendía evitar mostrar modelos de belleza no sanos y que promovieran los TCAs, e incluso las muertes de las propias modelos.

Y ese ideal sigue cambiando. Es simple, la sociedad avanza, se cuestionan los roles tradicionales y se exige una representación de la mujer real. Un modelo de belleza que no sea imposible de alcanzar y que no genere un hueco gigante entre lo que somos y lo que queremos ser. O directamente romper este ideal.

No voy a entrar en lo absurdo que es que una marca de productos para mujeres haga spots y desfiles que parecen más destinados al género masculino, ya que lo que me importa es el mensaje que se deriva de ello: "cómo debemos ser las mujeres para atraer a los hombres" (y también hacia ellos de "qué tipo de mujer tiene que atraerles").

No quiero criticar a las mujeres que participan en este desfile, que por supuesto son así y me parece maravilloso que sean tan guapísimas y espectaculares (porque lo son). Sin embargo, establecer que la belleza es única y que tiene que ser de unas características específicas, y pretender representar que así deberíamos de ser, deja de lado a todas las mujeres que no entramos en esas medidas y cánones de belleza. Estándares imposibles para la mayoría, primero porque suponen luchar contra la propia anatomía y constitución de cada una, y segundo porque muchas veces hay cirugía de por medio y se muestra como natural. A la larga, esto genera una insatisfacción continua, un querer cambiar siempre, un control sobre lo que llevas, cómo te queda, lo que comes y lo que haces, que finalmente ocupa tu mente y no te deja disfrutar.

El por qué de la crisis de esta marca no tiene que ver con el lobby feminazi que pretende dinamitar cualquier producto que no encaje con lo que consideran "feminista". Tiene que ver con que la sociedad les está dando la espalda.

Mientras otras marcas se están adaptando a la realidad y a las demandas de la sociedad, incluyendo a mujeres diversas, racializadas, de distintas tallas, de estéticas diferentes, mujeres trans, mujeres con diversidad funcional, etc. Victoria's Secret se resiste a hacerlo, permanece fiel a sus Ángeles.

Es normal que sus ventas caigan si no hacen ropa que se adapta a la realidad, si no adapta su producto a lo que el mercado pide. Entiendo que Victoria's Secret es los Ángeles de Victoria's Secret, me parece legítimo que sigan agarrando su seña de identidad, pero finalmente, si no se adapta a lo que la sociedad pide, la sociedad pasa por encima tuyo y te deja atrás. Está en la marca decidir si evolucionan en base a los tiempos actuales y cambia el significado ser un Ángel de Victoria's Secret o se extingue.

Eres

Eres

Si tuviera que imaginarte ahora serías esa composición de cada momento que nos has regalado, como cuando nos  llevabas al huerto a plantar huesos de cereza con la esperanza de que creciera algo, aunque tu sabías que no iba a salir nada, o cuando nos acompañabas a rellenar la boteja. Serías alguien que recorrió una vez 24km en 20 minutos, según asegurabas en las largas sobremesas después de la cena. Esa mirada tras comer para obtener algo laminero, ya sabes, “pa quitar el gusto”. La tranquilidad, la serenidad y el saber estar. El dar todo y más, por los tuyos. Un periódico separado hoja por hoja y vuelto a juntar. Unas gafas mal puestas y un pelo blanco casi siempre alborotado. Un “me quedo aquí sentado, a tu lado, hasta que te duermas para que no tengas miedo”. Unas notas de un cumpleaños feliz a los 90. Serías (eres) un “sobre todo, sed buenas personas”.

25 de julio

Perú

Perú

ARTÍCULO ESCRITO EN "COMPROMISO Y CULTURA" febrero 2018 Compromiso_y_cultura

¿Quién era antes?     

Nunca había pensado que elegí mi carrera como algo vocacional. Simplemente fue algo que me surgió, llegó el día de elegir y decidí escoger. Pero cada vez estoy más convencida de que fue 100% vocacional y de que hice la mejor elección. Me llamo Luna Salamero, tengo 24 años y he estudiado Psicología en el Campus de Teruel de la Universidad de Zaragoza. Después hice un máster en Psicología de la Intervención Comunitaria y Social en la Universidad de Sevilla y poco a poco fui especializándome en el género, a través de experiencias laborales, personales y formativas con mujeres en situación de prostitución, prevención de relaciones tóxicas en adolescentes o atención a víctimas de violencia de género, entre otras cosas. Pero me faltaba una experiencia de cooperación internacional en el extranjero con alguna ONG. Y así fue como me puse en contacto con COPRODELI, una ONG fundada hace 35 años en Perú, que cuenta con financiación que llega de España, Estados Unidos y Perú, aunque su campo de actuación es exclusivamente el país peruano. Se dedica especialmente a la educación, pero su enfoque es multidimensional y comunitario, por lo que su objetivo es identificar las necesidades de las zonas e intentar satisfacerlas a través de la colaboración ciudadana.

Tras varios e-mails cruzados y después de que nos conociéramos mutuamente, llegó el momento de cumplir el sueño de enfocar mi vida personal y profesional hacia una experiencia de cooperación internacional. El 11 de agosto de 2017 puse rumbo a Perú, a Callao. En aquel momento aún no sabía ni era consciente de cuánto me iba a cambiar la vida esta experiencia…

Comienza la aventura

Un viaje en avión de doce horas por los nueve mil kilómetros que separan Lima de España. Montañas, bosque, océano y tierras bajo el avión, hasta que solo ves un mar de nubes, la panza de burro que le llaman allí, esa manta de agua que cubre siempre la capital del Perú y que nunca llega a caer. Al cruzarla, después de más de diez minutos atrapados en la niebla por fin aparece, de repente, la ciudad de Lima. Luces, el mar, un puerto, edificios, coches diminutos,... lo típico que ves cuando viajas en avión y estás a punto de aterrizar. Una vez que el avión desciende y te aproximas al suelo te das cuenta de que la realidad es distinta a todos los aterrizajes que has vivido (la gran mayoría en Europa). Se ven calles sin asfaltar, nada de edificios altos, sino casas pequeñas, desestructuradas, techos de latón y paredes de madera. El aeropuerto está en Callao. La imagen real de esta región se hace patente cuando nada más salir del aeropuerto se ven los coches, la gente, la vida real.

Callao es una ciudad que está justo al lado de Lima, sin un límite real, ya que están totalmente pegadas. Es una de las zonas más pobres del Perú, aunque no destaca tanto por su pobreza (ya que las zonas rurales suelen estar menos favorecidas económicamente), sino por la violencia y la delincuencia. Las dos zonas más vulnerables dentro del Callao son Zona Sur, más conocida como Los Barracones, y Ex-Fundo San Agustín (Tiwinza, Sarita Colonia, Carrión), donde está uno de los centros penitenciarios más peligrosos del país, el Penal de Sarita Colonia. El crimen organizado, el tráfico de drogas, los sicarios, las bandas callejeras de todo el Perú, todo, se organiza desde allí.

El día que llegué hacía una semana que habían asesinado a un niño de trece años, con ocho balazos, por un ajuste de cuentas entre bandas de narcos. Al día siguiente de llegar yo, un menor de catorce años fue asesinado con su propia pistola por un taxista al que el chico había intentado atracar a mano armada.

Las indicaciones que te dan al llegar son claras: no lleves bolso, no saques el móvil en la calle, no te pongas collares, pendientes o relojes, evita las zapatillas de marca, tienes que salir de los centro a las seis de la tarde y más tarde de las seis y media no salgas de casa; si vas por determinadas zonas ve siempre con alguien del barrio, ponte siempre el chaleco de la organización (que sin ser antibalas era la protección fundamental y lo que me ha salvado la vida en más de una ocasión); no contestes si algún hombre te hace un comentario desagradable,... y otro tipo de recomendaciones por el estilo. La sensación de seguridad desaparece completamente, la tensión es continua y tus ojos miran a todos lados buscando alguna amenaza.

Esto sería una primera descripción de la sensación al llegar, de la vida del Callao y es una descripción breve y vaga. El choque al llegar fue duro, te sientes realmente amenazada, insegura, desconcertada, no sabes por dónde moverte, ni cómo actuar. Sin embargo, conforme pasa el tiempo, poco a poco te vas adaptando. Los profesionales de la organización te hacen sentir segura desde el minuto uno, te acompañan a donde vayas y, en caso de que ellos no puedan, te ponen a niños de los centros como guardaespaldas. Y una vez has hecho del Callao tu zona de confort, dentro de las posibilidades, empiezas a fijarte en otras cosas más allá de la situación descrita.

De hecho, yo me fui a Perú con billete de vuelta a los dos meses y medio de llegar y lo cambié, porque me negaba a que la experiencia se acabase tan pronto. Estuve allí cuatro meses.


Mi trabajo como psicóloga en el Callao

Desde la organización me dieron total libertad y autonomía para desarrollar las actividades y programas que yo quisiera. Trabajé con todo tipo de poblaciones (adultos mayores, salud mental, madres solteras y menores). Aunque me centré mayoritariamente en el trabajo con mujeres y con niños y niñas.

COPRODELI tiene unos centros denominados C.A.E. (Centros de Atención Externa), donde se atiende a menores en situación es evaluación de su situación familiar, por lo que el trabajo que se realiza con ellos es fundamental y refuerza la base del nuevo Callao que se quiere conseguir. Con ellos jugué, reí, disfruté, trabajé sobre emociones, afecto y autoestima. Cuando tú entras a esos centros, los niños se te tiran encima, literal. Te abrazan, te cogen, te besan, reclaman tu atención, te preguntan por todo de ti y de España. Muchos de ellos presentan una gran falta de cariño, de amor, de afectividad, de refuerzo positivo, de atención, de valoración, de fortalecimiento de su autoestima. En algunas ocasiones, no porque sus madres, padres u otros cuidadores no les quieran, sino porque el concepto de crianza, allí, no incluye esa dimensión. Sus progenitores no suelen tener estrategias de crianza más allá de la violencia. El golpe y los gritos son la práctica más común.

Son las pequeñas personas más cariñosas que yo haya visto nunca. Te dan su amor incondicional, independientemente de si te conocen o no. Te dan su corazoncito a los segundos de verte. Se apegan a ti como si llevaran pegamento, porque te ven como una referencia de amor. Se encariñan contigo y tú con ellos. Te sonríen, te hacen reír, te preguntan todo, te persiguen para darte un abrazo, te saludan y se despiden todos los días, todos los días, con un beso. Sus abrazos son fuertes y acogedores, son de esos que duran más de tres segundos. Encuentran en el Centro y en ti un puerto seguro donde refugiarse. Responden a toda muestra de amor. Y reclaman toda muestra de amor. Ha sido increíble poder trabajar con todos ellos y ellas.

Por otro lado, el trabajo con mujeres lo realicé desde la terapia individual y desde varios grupos de empoderamiento. El objetivo que era imprescindible trabajar era la prevención de la violencia de género, así como intervenir en los casos ya existentes. Sin embargo, el trabajo fue muchísimo más allá. La acogida por parte de las mujeres de los talleres de empoderamiento fue especialmente emocionante. En ellos trabajamos los roles de género, las emociones, las expectativas de lo que es ser mujer, madre, esposa o hija; la autoestima, las relaciones familiares y de pareja y, sobre todo, el desarrollo feminista. Todo esto dio lugar a un gran crecimiento en las usuarias del programa, cualquier mejora en su calidad de vida y en la reclamación de sus derechos  -hasta el momento ignorados- era un avance que a mí me conmovía. Me emocionaba ver que tomaban sus vidas para eso, para hacerlas suyas realmente. De hecho llegamos a realizar un videoclip para la canción Antipatriarca de Ana Tijoux.

Lo que yo me he encontrado en Callao ha sido con mujeres fuertes, muy fuertes, muchísimo más de lo que ellas mismas se creen. Han conseguido sacar adelante no solo a ellas mismas, sino a su familia, sus hijos e hijas, sus parejas. Se han sacrificado para que todas las personas de su alrededor hayan avanzado profesionalmente, las han priorizado por encima de ellas mismas, porque es lo que han aprendido, a ser sacrificadas y dedicadas a los demás, a sentirse culpables por pensar en sí mismas y por hacer algo para ellas. Han sufrido todo tipo de violencias y las sufren día a día. Sus deseos y sus derechos han sido pisoteados, sus sueños rotos y sus habilidades ignoradas o infravaloradas. Sin embargo, tienen tanto potencial que cuando se les da un espacio para ellas mismas salen a relucir todos esos sueños que tímidamente te cuentan, todas esas habilidades y recursos que usan día a día y, sin embargo, no le dan importancia; todas esas ganas de mejorar, de aprender, de prosperar. Porque al fin y al cabo son ellas, las mujeres, las que gracias a todo lo que hacen, las que mueven el cambio y potencian a los demás.

Todo lo que ahora soy

Como uno se puede imaginar leyendo esto, a nivel profesional he crecido enormemente. He ampliado mis horizontes, porque he creado e implementado programas, talleres, actividades e intervenciones tanto grupales como individuales, todo desde una perspectiva de la Psicología Comunitaria. Pero sin duda al nivel al que más he ampliado mis horizontes ha sido a nivel personal. Es verdad que la sensación de inseguridad y de miedo es muy dura y es verdad también que te enfadas con el mundo, con el ser humano, por ver lo injusto que es que personas, especialmente niños y niñas, sufran la pobreza, la violencia y la eliminación de sus derechos por el simple hecho de haber nacido donde han na
cido. También esa frustración por cómo muchas veces cerramos los ojos ante realidades tan duras, simplemente porque a nosotros no nos tocan. Y cómo somos capaces de exigir tantas cosas materiales y preocuparnos por tantos problemas insignificantes. Pero también es verdad que mi fe en la fortaleza de las personas ha crecido mucho. He visto de primera mano la fuerza de la gente para salir de situaciones muy muy muy difíciles; salir adelante, crecer, prosperar, tener expectativas de cambio y conseguirlas, mejorar su estilo de vida y el de sus familias. Y no solo eso, sino que he tenido la gran suerte de conocer a gente que no solo ha dado un empujón a sus vidas, sino que además se quedan allí para conseguir que los demás también crean en sus propias fortalezas. He podido trabajar con personas de COPRODELI que son heroínas y héroes de los que no llevan capa. Además de compartir la experiencia y formar una familia con otros 7 voluntarios que fueron un gran apoyo para mi.

Noto que he crecido como persona, que he aprendido a valorar todo lo que tengo, a apreciar más el cariño que recibo y a extender más cariño y amabilidad, incluso con personas que no conozco; a preocuparme menos por cosas que no tienen sentido y a querer menos cosas materiales. Y sobre todo me ha reafirmado sobre mi profesión, sobre acompañar a las personas en un proceso de cambio y mejora como forma de trabajo. Sin duda alguna, aunque las mujeres, los niños y las niñas estén muy agradecidas por el trabajo que he podido realizar en COPRODELI, no son conscientes de que me han aportado más ellas a mí, que yo a ellas.