Autor: Luna

Tiempos de crisis y psicología de voluntariado

Tiempos de crisis y psicología de voluntariado

No cabe ni que decir que estamos viviendo una situación de crisis. Nueva, anómala, desconocida e incierta. Todes lo estamos viviendo en nuestras propias carnes y estamos sintiendo, en mayor o menor medida, un impacto en nuestro bienestar. Lejos de nuestros seres queridos, el miedo y la desesperanza, la incertidumbre y el estrés, los nervios y la (des)información, los pensamientos catastróficos y los sentimientos agobiantes se apoderan de nosotres.

Les enfermos infectados por coronavirus, las personas confinadas en casa con problemas de salud mental, las criaturas, las personas sin hogar o en situaciones altamente vulnerables, las mujeres y menores víctimas de violencia doméstica y de género, les trabajadores de limpieza, servicios de cuidados y servicios de alimentación, les que están cubriendo servicios mínimos, les profesionales del sistema sanitario, muestran en el día a día el desgaste emocional llevado al máximo exponente.

En momentos así, entra en juego la salud mental y el bienestar psicológico. Se hace patente lo importante que es tener un acompañamiento emocional, en muchos casos, incluso a nivel profesional. Queda al descubierto la necesidad de que la sanidad vaya más allá del amparo a un nivel físico y cubra una atención psicológica. Se observan e intuyen trastornos de ansiedad, pánico, depresión, adaptativos, de estrés post-traumático, en un simple vistazo. Y es en este marco, cuando se hace un llamamiento generalizado a los profesionales de la psicología.

Se crean listas de atención telefónica en distintos ámbitos. Nos apuntamos, de cabeza, por esa sensación de “juntxs vamos a salir de esto” y de “voy a intentar ayudar y apoyar desde casa, ese esfuerzo que muches están haciendo en el terreno”. Se hace una llamada al cuidado, y te sale, a mí por lo menos, tu cuidadora inconsciente, como mujer, como psicóloga y como trabajadora del medio social.

Listas y listas a las que nos anexamos profesionales que ya estamos gestionando nuestro trabajo de por sí. Por ejemplo, yo sigo atendiendo por teléfono a lxs usuarixs de mi puesto de trabajo, atendiendo problemas de ansiedad, reexperimentaciones traumáticas, situaciones de estrés..., y cubriendo los servicios de emergencia de la entidad. Pero aun así, me apunto. Aunque yo tenga que gestionar mi trabajo, mis propias emociones, el estar lejos de lxs míxs, mi propio encierro y el de mis personas queridas, la cancelación de actividades que no sé si volveré a recuperar… Aunque tenga que gestionar mis mil movidas y mi propio proceso, me apunto. Pero todo parecía okay.

Hasta ayer, que me llegó un llamamiento para psicólogxs, en el que se pide que acudamos de manera voluntaria a la UCI a apoyar a pacientes con diagnóstico de COVID-19 y al profesional que está trabajando allí sin descanso, y por tanto, superado, saturado y quemado. El mismo llamamiento que ha hecho uno a uno todos los COPs (Colegio Oficial de Psicología) de las diferentes regiones de España.

Todo guay, todo bien, todo bueno rollo. Genial. Todo sea por la empatía, la cooperación y el arrimar el hombro.

Pero de repente, me subió un calor desde las entrañas, y solté en pleno grupo familiar repleto de doctores ¿por qué coño tenemos que ser siempre les psicólogxs los más p*** pringadxs? ¿por qué tenemos que ser siempre lxs profesionales menos valoradxs en el día a día, pero los que parecemos indispensables cuando todo el mundo está saturado en tiempo de crisis? ¿por qué tenemos que ser los primeros a los que se recurre para trabajar gratis? Sí, gratis. No nos engañemos con eso de la buena fe y el voluntariado, porque hay que llamarlo por su nombre. Trabajo gratis.

No veo movimientos, pots o stories de Instagram en los que se pida al profesional sanitario que vaya a trabajar gratis a los hospitales. Los órganos públicos de sanidad se están movilizando para reclutar a gente, para mover las bolsas de salud, para llamar a recién graduados, incluso plateándose reincorporar a los que se acaban de jubilar. Pero no veo que lo estén pidiendo gratis. No.

Recuerdo que los psicólogos también somos profesional sanitario, también estamos y deberíamos de estar en mayor medida en los centro médicos, en los hospitales, en urgencias y en cuidados intensivos. Esto debería hacer que nos replanteáramos el valor que le damos a la salud mental, y por ende a sus profesionales.

Trabajar como psicóloga de emergencias y catástrofes no es presentarte allí, ayudar, dar dos palmaditas, escuchar y aliviar las cosas. No. Conlleva un desgaste emocional para el propio profesional, un esfuerzo, una formación, un poner el cuerpo. Si no estamos pidiendo a lxs médicos, lxs enfermerxs, lxs auxiliares…, que están poniendo el alma en esta situación, que trabajen gratis ¿por qué tendrían que hacerlo lxs psicólogxs? Es decir, para ayudar a otrxs, estamos pidiendo que llegue una tercera persona que, gratuitamente, les acompañe en este proceso, y se cargue con todo, así, sin más, por simple altruismo.

Tampoco me parece justo que se recurra a los profesionales de la psicología cuando hay una crisis, pero no se aumenten las plazas de PIR o plazas de atención en crisis y emergencias. Me parece maravilloso que se creen servicios de atención gratuita, lo cual permita ofrecer cuidados a las personas que no se lo puedan permitir, pero no comparto que los profesionales no cobren ni un duro. O que usen estos servicios personas que sí se pueden permitir pagar un psicólogx.

Proponer atención psicológica a base de voluntariado es un arma de doble filo. Por un lado, hace patente lo poco valorada que está la profesionalidad de esta tarea, "porque total, que lo haga un voluntario". Y por otro lado, abre la puerta a prácticas poco profesionales, quiero decir, no todxs lxs psicólogxs estamos preparados para atender en crisis, y por tanto, inscribirte a una lista de voluntarixs no te da las herramientas para hacerlo. La especialidad en asistencia en crisis, catástrofes y emergencias existe por algo: para garantizar que las personas atendidas puedan recibir un servicio de calidad, y que las personas que atienden se sientan con la soltura para hacerlo cómodamente. No se debería de tirar de una lista de voluntarixs.

Lxs psicólogxs sabemos mucho de esto, del uso del voluntariado en nuestros puestos de trabajo. ¿Por qué? Porque nuestro trabajo no se valora; porque es un trabajo que se puede hacer en la mesa de un bar; porque para ir al psicólogo ya le cuento los problemas a mi amiga; porque como eres activista, lo podrías hacer gratis ¿no?; porque te pregunto por las redes sociales (o en blablacar) y te cuento mi vida y quiero una solución rápida y en el momento. Porque como te mueves en el ámbito social, mejor nos sustentamos en voluntarixs en vez de buscar a un profesional, que sale más rentable.

Sí, lxs psicólogxs sabemos de todas las barreras sociales que hay para valorar la profesión, y esta mentalidad está cambiando, pero lo que no me parece ni medio aceptable es que desde los propios compañerxs sanitarios o desde el mismo COP no se valore la propia profesión y se pida que trabajamos gratis o que el trabajo de acompañamiento psicológico se haga a base de voluntariado.

Hay que arrimar el hombro, sí. Hay que colaborar, ayudar y cooperar, sí. Pero si algo está resaltando esta crisis es la importancia de los cuidados. Del sistema sanitario. De la interdependencia del ser humano y de la necesidad que tenemos les unes de les otres. Y yendo más allá, la importancia de cuidar los cuidados y a las personas que cuidan.

Dentro del autocuidado, y el cuidado a las personas que cuidan, también entra el exigir profesionalidad y remunerarla como tal.

(Auto)Cuidados frente al COVID-19

(Auto)Cuidados frente al COVID-19

Estamos en cuarentena. Cuarentena por el coronavirus. Hemos pasado de verlo como algo lejano, hacer bromas y una primera fase de no creérnoslo y hacer nada; a un declarado estado de alarma en todo España, arrasar con supermercados, entrar en pánico y extremar precauciones de contagio. Se han cerrado centros educativos, bares y terrazas, cancelado eventos o tomado medidas de teletrabajo.

Podemos hacer muchísimas lecturas de esta situación. Nos permite un tiempo para parar, reflexionar, descansar, momento de introspección, desintoxicación del aire, desarrollar la creatividad, estar más cerca de los nuestros... Pero las preocupaciones, el miedo y la intranquilidad vienen de la mano.

No sabemos qué va a pasar, ni a nivel económico, ni a nivel sanitario, ni a nivel social. En los dos días me han cancelado actividades de cierre de curso. Les autónomos ven peligrar su economía. Hay personas mayores, dependientes o con patologías de riesgo a nuestro alrededor. Vienen a nuestra mente pensamientos catastrofistas, que nos ahogan. Llega un bombardeo continuo del tema, el monotema. En los grupos de whatsapp solo se habla de esto, memes, cifras alarmantes, noticias y bulos. Todo esto nos absorbe generando ansiedad, malestar, tristeza, miedo, pánico...

Hay un miedo funcional, el miedo es lo que nos hace preocuparnos por nuestra salud y hace que nos tomemos en serio las medidas declaradas. Si no estuviera este miedo, pasaríamos a ignorar todo y seguir con una vida normal sin tener en cuenta el impacto de nuestros actos. Sin embargo, cuando este miedo pasa el límite, llega el pánico, pensamos individualmente y sin empatía, entramos en colapso de la sociedad y del sistema sanitario. Esta histeria ha provocado que sea casi imposible encontrar papel higiénico o que les sanitarios estén al límite de existencias de mascarillas. Pánico, ansiedad, desinformación, egoísmo, intranquilidad, falta de empatía y control.

Se ha instaurado el #yomequedoencasa como medida para protegernos entre todes, como sociedad, y para favorecer el desempeño del equipo sanitario que están trabajando sin descanso (literalmente), y el de los servicios de alimentación, farmacias y otros servicios mínimos que permanecen abiertos.

Tenemos tiempo y nos sobran preocupaciones y agobios ¿qué podemos hacer? Es tiempo de (auto)cuidados y de preocuparnos, no solo por la salud física, sino también por el bienestar psicológico. El encierro, el pánico y un futuro incierto afectan directamente a nuestra salud mental.

Os dejo aquí algunos consejos:

  • Desahógate, grita, llora, habla, escribe… lo que necesites para expresar tus sentimientos, como te encuentras y cómo estás viviendo todo esto. Sácalo. Airéalo. Y eso ayudará a que disminuya. Negarlo y guardártelo bien dentro no va a reducir el malestar, simplemente es esconderlo debajo de la alfombra. Es normal que te sientas preocupade, es normal que tengas miedo o pánico. Seguramente, después de expresarlo y de compartirlo, te sientas un poquito mejor, con menos peso y más descansado.
  • Respira, medita, busca ejercicios de relajación. Todo esto aliviará la ansiedad, aprender a controlar esa presión en el pecho, ese malestar cada vez que piensas en lo que puede pasar. Respira. Lento. Y deja que esa presión se deshaga un poco.
  • No dejes ir a tus pensamientos. Es fácil entrar en un bucle de pensamientos catastrofistas sobre lo que puede pasar en un futuro, y estos pensamientos pueden llegar a controlarnos y llevarnos a una situación de ataque de pánico, ansiedad o tristeza profunda. Trae tus pensamientos al ahora. No sabemos que va a pasar mañana, no sabemos qué va a pasar cuando se acabe la cuarentena. Solo sabemos que hoy por hoy, estamos haciendo todo lo posible para que está situación permanezca bajo control: no exponiéndote a riegos innecesarios, sabiendo cual es el protocolo de higiene, controlando la situación en el día a día. La situación es esta y de momento no la podemos cambiar.
  • Deporte en casa. De normal hay muchísimos vídeos con ejercicios de todo tipo, además se están moviendo muchas actividades online. Busca la que más te motive para sentirte activx y estar entretenidx.
  • Prepárate la lista de todo lo que puedes hacer en casa. Quizás tenga una pila de libros en pendientes (como yo), o manualidades, o películas y series, o apuntes que pasar a limpio, o probar recetas… Os dejo la cuenta @yoencasita que da muchísimas ideas. Ponte al día con todas esas cosas que tienes en pendiente.
  • Haz cosas fuera del coronavirus. En esa lista, apunta cosas fuera del monotema. Lo que te hagan desconectar, pensar en otras cosas. Está bien pensar en otras cosas y dejar que el coronavirus controle nuestra mente.
  • Desconecta de redes sociales, grupos de whatsapp o noticias. Estar informado es positivo para saber que está pasando, como avanza el tema y que hacer; pero también nos llegan bulos y nuestra cabeza es incapaz de desconectar y de relajarse, permaneciendo en continua alerta y preocupación.
  • Conéctate con los tuyos cerca y lejos. Si estas de encierro en casa, es el momento para retomar actividades de la casa, por ejemplo, fomentar la corresponsabilidad del hogar; o hacer cosas con los más peques o la pareja. Si estás lejos: videollamadas, Skype o cafés/cervezas online puede ayudarte a sentirte conectado.

Espero que esto pueda ayudar a sentirte algo mejor y a cuidarte y cuidar a otrxs. Estamos juntes en esto, como sociedad, y solo saldremos de la mejor forma posible si seguimos unides.

PD: gracias a todes los que están trabajando sin descanso estos días: personal sanitario, personal de limpieza, trabajadores de supermercados y tiendas de alimentación, servicios mínimos... MUCHAS GRACIAS

Sola, borracha, quiero llegar a casa

Sola, borracha, quiero llegar a casa

Llega la cuenta atrás para el 8M y este año se ha resaltado el lema tan gritado en las manifestaciones feministas y de apoyo a víctimas de agresiones sexuales “Sola, borracha, quiero llegar a casa”.

Me encanta. Sin duda es una de las reivindicaciones actuales más señaladas y necesarias del movimiento feminista: las agresiones sexuales y la culpabilidad de las mismas.

Esto me hace recordar muchas cosas. En primer lugar recuerdo cuando estaba en la ESO (creo que tercero) y vino una psicóloga que trabajaba con víctimas/supervivientes de agresiones sexuales a hablarnos sobre la violación. En mi memoria no tengo todo lo que nos dijo. Lo que sí quedó perfectamente es que nos comentó que mi barrio, el Actur, era donde el índice de violaciones era mayor de toda Zaragoza. También recuerdo que nos dio consejos para prevenir una violación. PARA PREVENIR.

Después de esta charla entró la paranoia en mi casa. Yo estaba en época de empezar a salir con mis amigas y cada vez que lo hacía tenía que realizar todo un ritual en el camino de vuelta a casa.

Llegar acompañada lo máximo posible. Si por lo que fuera, no salía con las amigas que vivían dos portales más abajo de mi calle, iba hablando por teléfono con mi padre o mi madre durante el camino. Cuando estaba de camino para casa, tenía que hacer una perdida. Doblaba la esquina, y ahí estaba, mi padre o mi madre asomados al balcón. Yo tenía que saludar en la distancia para que cualquier posible agresor viera que yo estaba vigilada. Empezaba a sacar las llaves. Cuando me acercaba al portal, tenía que llamar al timbre, aunque llevase las llaves en la mano, porque nos habían explicado que “pueden cogerte en el mismo portal y para que tu familia sospeche que estás tardando mucho en subir”. Y ya subía a mi casa. Y todes respirábamos tranquilamente porque había llegado a casa sana y salva.

Recuerdo esto muy nítidamente. Recuerdo que mi padre me iba a buscar a los sitios donde salía de fiesta para que no tuviera que volverme a casa sola de madrugada.

Recuerdo taxistas diciéndome “tranquila, espero a que entres en el portal” o pedírselo yo misma.

Recuerdo acelerar el paso en cuanto me separaba de mis amigas porque cada una se iba hacia su casa.

Recuerdo decir entre mis amigas “avisa cuando llegues a casa” y un whatsapp de “¿pero has llegado ya?”. O que mis amigos me lo pidieran a mí, pero yo no a ellos.

Recuerdo miedo cuando veía a alguien venir de frente por la calle. O cuando escuchabas a alguien caminado detrás. También recuerdo sentir alivio al darme cuenta de que ese alguien era una chica.

Recuerdo cruzar una esquina y encontrarme con algún grupo de chicos y que me dijeran cualquier cosa. Escalofrío. O sentir miedo sin que llegaran a decir nada.

Recuerdo ir andando por la calle y que un coche redujera la velocidad, bajase la ventanilla y un tío me dijera “¿a dónde vas tan solita?”.

Recuerdo ese “no dejes la copa nunca” y el “no bebas del vaso de otra persona”. Recuerdo estar súper pendiente de mi bebida en la discoteca e historias de amigas que han visto como les echaban algo en la copa.

Recuerdo salir de fiesta con una amiga. Irnos de la discoteca camino a casa y que dos chicos nos acompañaran haciendo la broma. Continuar de risas (manteniendo la distancia y sin acercar posiciones) y ellos querer subir a casa con nosotras. Decirles que no. Insistir. Decir que no. Intentar entrar. Decir que no. Y finalmente, por suerte, irse.

Recuerdo estar de fiesta con alguna amiga que iba borracha y que se le acercarse un chaval interesado porque iba tan ebria que lo veía un blanco fácil.

Recuerdo estar en un bar, discoteca, autobús, en la calle, y que me tocaran el culo.

Recuerdo tener diez años e ir de camino al colegio con mis amigas y ver a un hombre masturbándose mientras nos miraba.

Recuerdo, recuerdo, recuerdo.

Pero no son solo recuerdos, no son cosas del pasado. Pero no son solo recuerdos míos, sino historias colectivas de todas las mujeres. De hecho, ayer subí una historia preguntando estrategias que seguimos cuando vamos solas de noche, y situaciones de agresiones o miedo que hemos vivido, y hubo muchísimas respuestas. Respuestas repetidas y similares.

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El miedo, real o subjetivo, está ahí. El miedo se nos ha inculcado desde el mismo momento en el que nos dan una charla en el instituto sobre cómo nosotras podemos evitar una violación. En el momento en que mi familia se híper preocupa cada vez que salgo de fiesta y miedo no existe cuando los hijos son varones.

Miedo imaginario porque te lo meten en la mente desde que naces con vulva y lo sientes aunque no haya una amenaza aparente. Miedo real porque efectivamente ha habido chicos que me han seguido, me han agredido en sitios públicos o me han acosado verbalmente por la calle.

Detrás de ese whatsapp de “¿llegaste a casa?”, está un miedo implícito a que algún día no llegues. Es un miedo inculcado desde la sociedad, la cultura y la familia, porque se da por hecho que en cualquier momento puedes ser una víctima más. Porque eres mujer. Ellos también tienen miedo, y pueden tenerlo a que les roben, a que les agredan, a que les peguen, pero nunca van a tener miedo a que una mujer les siga y les viole, o les agreda sexualmente. Es otro tipo de miedo, es un miedo añadido por ser mujer.

Esta violencia, ese no llegar, no va a ser responsabilidad de tu comportamiento, sino del comportamiento del agresor. El problema no está en que las mujeres vayamos solas por la calle de noche, que llevemos falda corta o escote, que vengamos de fiesta o de la biblioteca, que estemos borrachas o sobrias. El problema está en que el agresor se cree con la libertad de poder ejercer violencia sobre una mujer.

No es cuestión de dejar atrás todas esas estrategias de autocuidado y de protección entre hermanas. No es cuestión de “yo voy sola, no pasa nada, tiro pa’lante porque no debería de tener miedo porque es una mierda tener miedo y no es justo y soy una mujer valiente y blablablá” (yo he pasado por eso). Es cuestión de que se entienda, desde la sociedad y desde la masculinidad, que el acoso callejero no es una broma, y que la violencia sexual, es eso, violencia.

Borrachas y sobrias. Solas y acompañadas. Con un traje de buzo o desnudas. Tenemos que llegar a casa.

No es cuestión de ser valientes. Es cuestión de ser libres.

#PSIQUEVOY

#PSIQUEVOY

Desde la promoción 2016 - 2020 del grado de psicología de UNIZAR (Campus de Teruel) han creado esta iniciativa llamada #PsiQueVoy para hablar sobre la terapia e ir al psicólogo/a, derribar tabús sobre este tema y normalizarlo.

Puedes hacerte una foto con el cartel y hablar sobre tu experiencia, o simplemente visibilizar que no pasa nada por ir al psicólogo y por recibir la ayuda de un/a profesional. Me encanta la idea, me encanta la generación y me encanta ir a terapia, así que me uno a ella.

#PsiQueVoy a la psicóloga🧠💜 @psiquevoy

1️⃣Decidí ir por primera vez cuando estaba en 4º de carrera con 21 años (encontré un psicólogo que me hacía precio por ser estudiante) porque estaba en una relación bastante mal equilibrada (yo no lo veía aún). Pero, no era mi momento. Tenía miedo a contarle todo por lo que estaba pasando y no me acababa de sentir cómoda con él, así que lo acabé dejando 🤐

2️⃣Dos años más tarde, cuando toda la situación petó 💣 Después de ataques de ansiedad (incluso en medio de las discotecas) 🥵 de no poder dormir, de pesadillas continuas 🤯 de despertarme llorando 😭 de tener que dormir acompañada (bendita la que me aguantó esa época), de somatizaciones varias 🤮🤕, decidí volver a probar, y encontré a una psicóloga MARAVILLOSA con perspectiva de género y feminista, a la que adoro. Ir a terapia se convirtió en la mejor hora de la semana. Me escuchaba, me entendía, me recogía, no me juzgaba, me ayudó a nombrar lo vivido, a entender cosas de mí, de mi entorno, de mi familia, de mi infancia... Me ayudó a crecer como persona y como psicóloga. Peeeero cambié de ciudad, y tuvimos que acabar. Eso sí que fue una dura ruptura sentimental 💔

3️⃣Hace unos meses he retomado con otra nueva. Por cuestiones profesionales y personales. Sigo teniendo mis taras, inseguridades, miedos, estreses varios, vulnerabilidades, zonas oscuras, presiones... 🥴 Además, acompañar a otras personas también supone un plus.

⏭Ir al psicólogx es algo precioso. Doloroso (a veces), pero entenderse, comprenderse, gestionarse, perdonarse, mejorar(se), sanar heridas enquistadas, reparar relaciones con otrxs... es un bonito proceso 💭👣 Y, por supuesto, como terapeuta, para acompañar a otrxs hay que hacerlo de calidad y eso implica revisarse. Ser psicólogx de profesión no implica saber hacerlo bien 👥

#PsiQueVoy y no estoy loca, o sí, pero no pasa nada. No pasa nada por reconocer que alguien profesional te acompaña en algo que no sabes/puedes hacer solx 🤝 Me encanta esta iniciativa de normalizar que se va al psicólogx, y especialmente entre profesionales del gremio, porque creedme, que donde he oído más resistencias a ir al psicólogx es entre propios psicólogxs. Sí, nosotrxs #PsiQueVamos 👌🏽💜🎆

La asistencia a las Jornadas de Sexualidad en el Campus de Teruel me permitió volver a mi facultad, reconectar con mi yo universitario y alucinar con las generaciones que han llegado detrás de la mía. También me ha hecho conocer iniciativas como esta, ver reflejada la ilusión y los miedos que yo tenía mi último año de carrera, y las ganas de emprender la psicología desde la profesionalidad y la pasión. He conocido y conectado con gente maravillosa y he aprendido (aprendo) de ellxs, mucho. Volver sentir lo bonita que es la etapa universitaria y la psicología como elección.

Sex Education

Sex Education

Hoy llega la nueva temporada de Sex Education, la serie que ha revolucionado la visión de la sexualidad en la adolescencia ¿pero es algo nuevo que en las series sobre adolescentes se hable de sexo? No y sí. Quiero decir, todas las series sobre esta etapa de la vida hablan implícitamente de sexualidad, aunque no sea la trama (aparentemente) principal; sin embargo ¿desde dónde lo hacen? Muchas veces desde una imagen no racializada cis-hetero, retratando conductas sexuales de riesgo, parejas en dinámicas de malos-tratos y desde una perspectiva de amor romántico-Disney no igualitario; unido muchas veces al alcohol, al consumo de otras drogas y violencia, todo muy normalizado.

Me vienen a la cabeza series com Física o Química, Rebelde Way, Gossip Girl SMS, series que yo vi durante mi adolescencia. Pero también la actual Élite. Es cierto que en la nueva producción de Netflix, vemos ya algunos cambios (pareja gay, personaje bi, dos hermanos de procedencia marroquí, una chica Latinoamérica, la protagonista con VIH...) pero aún así... se siguen reproduciendo muchos de los roles tradicionales y estereotipos tóxicos y romantizados.

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*Por cierto qué manía de hacerles fotos a lxs protas tirados en el suelo unxs encimas de otrxs y desde arriba ¿no?
*Por cierto qué manía de hacerles fotos a lxs protas tirados en el suelo unxs encimas de otrxs y desde arriba ¿no?

La revolución de Sex Education no es que hable de sexualidad en la adolescencia, sino desde la perspectiva que se hace. Muchas veces, las familias y el profesorado, me preguntan si es una serie apta para las adolescencias; lo cual para mí demuestra el gran tabú que sigue habiendo sobre el sexo. Siempre invito a reflexionar sobre como decimos SÍ a una serie cuya trama principal no es el sexo, sino un asesinato (Élite) pero salen continuamente conductas de riesgo o tóxicas; pero decimos NO, a una serie que habla directamente de sexo, lo cuestiona, le da una vuelta, lo enfoca desde la educación afectiva (no solo sexual), diversa e igualitaria.

Estamos normalizando que vean series que reproducen modelos no positivos muchas veces, simplemente porque la serie no parece hablar explícitamente de sexo, y ¿les vamos a prohibir una serie educativa porque pone el foco en la afectivo-sexualidad? Empecemos a revisar los mensajes indirectos que mandan las series, los modelos que representan y no solo el título o el argumento general.

Aquí dejo razones por las cuales Sex Education es maravillosamente maravillosa. Y el por qué la recomiendo para la adolescencia, las familias y el profesorado (intento hacer los menos spoilers posibles). Voy a destacar las mejores escenas, desde mi punto de vista, de la primera temporada.

Diversidad sexual. La serie muestra parejas de lesbianas, parejas gays y parejas heterosexuales. Familias mono-marentales, mono-parentales, con dos madres, con un padre y una madre, con tutores ausentes… Diversidad. Como la vida misma. Se habla de esta diversidad como algo común y normal, sin olvidarse de la existencia de las LGTBfobias ya que en la serie se relatan ciertas agresiones hacia personajes LGTBIQA+, peeeeeero también personas que les defienden.

Abajo la plumofobia. Eric, el mejor amigo del protagonista, es un chico gay que además tiene pluma. Le gusta vestirse con ropas femeninas, maquillarse, bailar, y expresarse fuera del canon de “masculinidad” tradicional. Otis, como amigo hetero, también modifica su expresión de género sin tener miedo de que se cuestione su orientación sexual. Tienen una relación de cariño y respeto, se maquilla y viste con él, y baila y le da igual si alguien puede pensar que por eso es menos hetero. Dentro de esta historia, Eric sufre una agresión, se enfada con Otis porque le deja tirado y finalmente se reencuentran. Sin embargo, la mejor parte es cuando Eric finalmente habla con su padre, al cual le resulta complicado gestionar lo diferente que es su hijo, y éste le dice “estoy aprendiendo de mi valiente hijo”.

La presión de quitarte de encima la virginidad. Durante la adolescencia una de las cosas que más preocupa es todo lo relacionado con la primera vez y la virginidad (esa mierda de construcción social). Vemos como Otis, aunque actúa como terapeuta, se ve muy cohibido en cuanto a su propia sexualidad, a la masturbación y a la relación con su cuerpo. Este bloqueo choca con la presión que siente desde sus amistades (y la sociedad en general) para tener relaciones sexuales. Se fuerza tanto a hacerlo, en vez de reconocer que no está preparado o tratar el por qué de ese bloqueo, que llega a sufrir un ataque de ansiedad.

Ansiedad, deporte y perfección. Jackson el chico perfecto. Deportista, ganador, triunfador, atractivo, popular y buen estudiante. PER-FEC-TO. Tiene que lidiar con la presión de sus dos madres, del director, de sus compañeros para alcanzar dicha perfección, así como con su propia autoexigencia. Visibiliza que sufre problemas de ansiedad y pérdida de control sobre las decisiones en su propia vida; una situación en la que se ven muchxs adolescentes.

Es mi vagina. En el capítulo 5, una de las chicas sufre sextorsion con una foto de su vulva. Aprovecho para decir que la foto es de una vulva no de una vagina, por cierto. Es amenazada con publicar su nombre para que todo el instituto sepa que la foto es suya. Maeve le ayuda a buscar a la/el culpable de esto. Finalmente en una reunión de todo el alumnado, las compañeras del centro, y algunos chicos, se levantan una a una diciendo “es mi vagina” y se unen todas para quitar la importancia sobre de quién sea de verdad. Una imagen de sororidad frente a la condena social que sufren las mujeres por sus cuerpos y su sexualidad.

Autocoñocimiento. Una de las personajes femeninas, Aimee, tiene relaciones heterosexuales en base a lo que ha visto en el porno, pidiéndole a los chicos que le hagan lo que según la pornografía “debería gustarle”. Hasta que su pareja le dice “¿pero a ti qué te gusta?”. Gracias a esta pregunta se abre un cuestionamiento de su propio placer, la búsqueda de por qué no llega al orgasmo, de la responsabilidad en el autocoñocimiento y en sus necesidades. Empieza a masturbarse, a descubrir su cuerpo y a raíz de eso, es capaz de expresarle a su pareja sus gustos y disfrutar de las relaciones sexuales.

Feminismo. Maeve como personaje principal es super potente. Una chica inteligente, que lucha por seguir adelante y estudiar a pesar de su historia familiar, decidida, y por supuesto, feminista. De hecho, es su feminismo y sororidad lo que le mueve a ayudar a otras conocidas y también a denunciar que ella es clasificada como guarra-zorra-puta por rumores falsos propagados por un chico con el que se negó a liarse.

Solo sí es sí. Aparece una historia secundaria en la cual un chico se obsesiona con una chica. A pesar de que ella le ha dicho explícitamente que no, pasa de él y no está interesada; él le acosa y no parece darse por vencido, muy en la línea de "el que la persigue, la consigue". No sabe encajar el rechazo, de ninguna de las maneras, y se niega a aceptarlo. Amenaza con suicidarse, hasta que Otis hace esta genial intervención sobre saber aceptar el rechazo en las relaciones sexo-afectivas.

Aparecen muchos otros temas también super interesantes: Ola siendo un personaje de mujer no normativa; la madre de Otis como mujer mayor activa sexualmente y que sale con hombres más jóvenes que ella; modelos diversos de masculinidades; el vaginismo de Lily…

Y tooooooodo esto en tan solo una temporada de 8 capítulos ¿Os he convencido ya para verla? Además ¿cómo no voy a tener ganas de ver una segunda temporada? Así que aquí os dejo. Botón publicar. Abrir Netflix.

#Escuchado En Las Aulas

#Escuchado En Las Aulas

Me encanta las listas, siempre, para cualquier cosa. Me dan orden mental, me dan ganas de seguir trabajando y me motivan a ponerme a ello... listas por todos lados. Esto de hacer el balance del 2019 y de cara a empezar 2020 me da la excusa perfecta para hacer unas cuantas listas, reflexionar sobre todo lo que ha pasado y todo lo que quiero que pase.

Una de las mejores cosas del 2019 ha sido, sin duda, la creación de esta web y el empuje que ha tenido el proyecto de (Pre) Adolescencias 4.0, que es en lo que más energía he puesto este año. Me parece maravilloso que este proyecto me permita estar cerca de la gente joven, de las nuevas generaciones, de sus ideas, pensamientos y reflexiones. Y es en las aulas donde compruebo lo que dice Isa La Psicowoman: que elles son la Generación Encontrada.

Este post lo hago para destacar que de lo mejor de finales del 2019 ha sido volver al IES Bajo Aragón en Alcañiz y flipar con elles. Una vez más. Quería expresarlo de alguna manera así que ahí va el #escuchadoenlasaulas Os dejo por aquí el post que hice en instagram 👉🏽 para flipar con los comentarios como yo lo hago con ellxs en las aulas 📚

Flipar porque es real que me dicen cosas que no oigo a gente de mi edad, que hacéis reflexiones que yo he interiorizado hace pocos años, y que con sus 13-16 años dan mil vueltas a mi generación.

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Por esto me encanta hacer lo que hago, porque aprendo con elles. Me tiene enamoradica 💖 

#generacionencontrada #iesbajoaragon #alcañiz #sexualidades #adolescencias #diversidad

El violador eres tú

El violador eres tú

La culpa es el mayor invento de control. No es agradable sentirse culpable ya que duele pensar que podíamos haber evitado algo negativo que nos ha pasado. Y por no tener ese sentimiento, que es molesto de narices, dejamos de hacer cosas.

Generalmente, ese sentimiento ha acompañado a la mujer desde siempre, como parte de nuestro ADN. Desde que Eva mordió la manzana de la sabiduría que le ofreció la serpiente en el paraíso y entonces condenó a Adán y a la humanidad entera. Da la casualidad (no tanta) que como es un sentimiento muy ligado al rol de mujer, es usado como control desde el sistema patriarcal.

Si entramos a hablar sobre la cultura de la violación, han encontrado el filón perfecto. Es la manera perfecta de legitimizar las violencias machistas, y a la vez, mandar un mensaje bastante claro a la mujer que la ha sufrido y a todas las demás: “si haces determinadas cosas, te estás ganando o estás buscando una violación”. Se libera al agresor y se incide en que la víctima es la culpable de haber sufrido una violación. Es decir, una forma de enseñarnos lo que debemos o no debemos hacer. Puro mecanismo de control.

La culpa hacia las víctimas se cuela en todos lados, y de esa forma se re-victimiza a la víctima. Desde comentarios como “con esa ropa ¡qué esperabas!”, “no haber bebido”, “ella lo buscó”, “es que es un poco… guarra”, “no cerró bien las piernas”, “seguro que no dijo que no claramente”, “¿a quién se le ocurre ir a casa de uno que acababa de conocer?”, y una larga lista.

Es como si fueras caminando por la calle y te cayera un piano encima. Ahora llega la sociedad, el sistema judicial, tu entorno y lxs que deberían apoyarte, y pasan por encima pisándote, con ganas, porque “ah mira, no haber pasado por esa calle y no haber estado debajo”. Pues así funciona.

Vengo aquí a recordar y a recalcar, que cuando hay un delito, la responsabilidad la tiene el agresor. Puedo ir desnuda, puedo estar en coma, puedo haber ligado con el agresor previamente, puedo haber dicho en un inicio que sí quería tener relaciones sexuales, puedo haberlas iniciado yo, puedo estar en medio de la relación, puedo haber hecho mil cosas. Pero si llegado el momento, no quiero continuar con eso, y el agresor o agresores deciden pasar mi consentimiento y mi deseo sexual por alto, el único responsable de ello es él o ellos. Única y exclusivamente.

En España se denuncia una violación cada 7-8 horas, continuamente aparecen casos de agresiones sexuales en las noticias, el 80% de las violaciones se produce por parte de conocidos (amigos, familiares, pareja), la gran mayoría (si no todas) hemos sufrido algún tipo de acoso sexual. La violencia sexual es un problema preocupante y por ello es uno de los focos del feminismo actualmente. Cada vez se habla más de ello y se condena el proceso de juicio social por el que muchas veces pasa la víctima, os recomiendo que veáis la serie Unbelivable que habla sobre esto.

Este 25 de noviembre, Santiago de Chile se llenó de un grito claro y alto contra esto: “Y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía. El violador eras tú. El violador eres tú”. Así de claro y alto lo cantaban miles de mujeres en una performance llevada a cabo por la agrupación LasTesis.

Lo que han hecho las compañeras chilenas me parece B-R-U-T-A-L. Con este cántico han denunciado la violencia sexual que sufrimos y dónde se pone el foco y la responsabilidad del delito.

Aunque, lo que me parece más emocionante de todo esto, lo que me pone la piel de gallina y que se me salte alguna lagrimilla, es la repercusión que está teniendo. Su grito con la canción Un Violador en tu Camino ha sido reproducido en muchísimas ciudades a nivel mundial (Ciudad de México, Ciudad de Juárez, Medellín, Bruselas, Madrid, Granada, Barcelona, París, Berlín, Nueva York, Estambul).

Es un grito de sororidad. Es un grito de apoyo a toda víctima que se ha sentido cuestionada y culpabilizada. Es un grito a todas las instituciones que han revictimizado. Es un grito a la justicia patriarcal. Es un grito de acusación directa al agresor. Es un grito para todxs aquellxs que se han excusado buscando la causa del comportamiento en ella. Es un grito feminista mundial, global y en red. Es un grito para todes los que dicen que en América Latina son más machistas que en cualquier sitio y que fuera de Europa no existen los movimientos feministas. Es un grito para remover conciencias. Es un grito de "hasta aquí". Es un grito de cambio, de revolución, de fuerza. Es un grito de poderío.

8 mitos sobre la violencia de género y 25N

8 mitos sobre la violencia de género y 25N

Hoy es 25-N, el día que se dedica para la visibilizaicón de la violencia de género y promover actividades para erradicarla. Aprovecho el día para seguir con los mitos, después de desmontar algunos relacionados con el feminismo, nos centramos en la violencia de género.

  1. La violencia no tiene género.

El término violencia de género se estableció "oficialmente" tras la creación de la ley en el año 2004 (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre), aunque fue en en 1997 tras la denuncia publica de Ana Orantes cuando se hizo más visible la violencia hacia las mujeres dentro de las parejas heterosexuales. Se puso sobre la mesa que la violencia de género era un problema en nuestra sociedad y que por tanto tenía que ser tratada con la especifidad necesaria.

La coletilla de género hace referencia a una problemática social según la cual las mujeres sufrimos una violencia específica por el simple hecho de ser mujeres. Esta ley incluye toda violencia desde el hombre a la mujer en una relación sentimental, actual o pasada. Poco a poco, en algunas comunidades se ha abierto la definición para poder incluir otras violencias que no impliquen una relación sentimental, porque las violencias machistas no solo se ejercen en el seno de la relación de pareja (casos como el de Diana Quer o el de Laura Luelmo).

En nuestra sociedad actual se producen diferentes tipos de violencias, todas igual de condenables, sin embargo, cada tipo tiene sus características específicas, sus causas y consecuencias concretas, y también sus repercusiones. Cuando decimos que en la violencia influye el género, nos referimos a que en nuestra sociedad las mujeres sufrimos una violencia específica solo por ser mujeres, causada por un sistema llamado patriarcado que pone en un nivel superior todo lo relacionado con el hombre y la masculinidad, y en un nivel inferior a las mujeres y todo lo relacionado con lo femenino. Para demostrar que la violencia existe y es real, simplemente tenemos que ir a visualizar números:

  • 1 de cada tres mujeres en el mundo han sufrido algún tipo de violencia sexual y/o física (OMS).
  • Cada 8 horas se denuncia una violación en España (Ministerio de Interior de 2015).
  • Una de cada dos mujeres asesinadas lo fue a manos de su compañero sentimental o un miembro de su familia. Únicamente el 6% de los hombres asesinados en todo el mundo murieron en las mismas circunstancias, según el Estudio mundial sobre el homicidio elaborado en 2013 por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito –UNODC (datos de 2012).
  • En lo que llevamos de año han sido asesinadas 52 mujeres en España. Es más, hoy mismo se ha cometido un asesinato machista.
  • Desde 2003, que se empezaron a registrar estos casos, 1.027 hombres han asesinado a 1.027 mujeres en España.

¿Hay violencia hacia los hombres en la pareja? Sí, claro que la hay. Entre 2008-2015 fueron asesinados 58 hombres por sus parejas. Sin embargo, de estos 58 casos no todos fueron en parejas heterosexuales, sino también homosexuales. Es decir, que no todos fueron cometidos por mujeres. Los hombres reciben violencia, sí, pero la mayoría de las veces es ejercida por otros hombres ¿Hay mujeres que agrede a hombres, que los mata? Sí, pero las cifras son muy bajas. Además, ¿cuántos casos hay de hombres agredidos por desconocidas por las calles, violados, secuestrados…? No hay un sistema que legitime la violencia hacia los hombres, o que subordine a los hombres frente a las mujeres. Por otro lado, el hecho de que un hombre que sufre violencia de una mujer no sea creído, se banalice o no se le tenga en cuenta, se debe a la construcción social de “cómo te dejas pegar por una chica” y eso, amigxs, también es patriarcado.

Por tanto, la violencia sí es una cuestión de género. Igual que hay muchas guerras y cada guerra en cada país tiene unas causas y unas consecuencias específicas, y por ello un abordaje distinto, y no se nos ocurriría negar las individualidades de cada conflicto; con los tipos de violencia funciona igual.

2. La violencia de género debería ser llamada violencia intrafamiliar o doméstica.

Algunas veces la violencia de género se da en el seno de la familia o en el espacio doméstico, y otras veces no. Hay violencia intrafamiliar que puede no estar relacionada con la violencia de género. La violencia intrafamiliar incluye violencia paterno-filial, de los padres a los hijos o viceversa. Puede ir dirigida de nietxs a abuelxs o al revés. Es decir, la violencia intrafamiliar habla de todas las violencias en la familia, y la violencia de género habla de las violencias dirigidas a las mujeres solo por ser mujeres en la familia y el domicilio, pero también fuera de estos espacios.

Si usásemos un solo término para ambos tipos de violencias, estaríamos englobando cosas con matices diferentes y dejando fuera otras violencias importantes. Por eso se necesitan los dos términos diferenciados. No toda la violencia de género ocurre en la familia o en el domicilio familiar, y no toda la violencia doméstica es violencia de género.

3. Hay un gran número de denuncias falsas.

Ésta es fácil de desmentir, porque solo hay que mirar los datos. En base a la Fiscalía General del Estado, durante los años 2009 y 2016 fueron recogidas 1.055.912 denuncias por agresiones machistas, de las cuales solo el 0,0075% fueron condenadas como denuncias falsas.

Como en todo tipo de delito, en violencia de género también hay denuncias falsas, no lo vamos a negar, sin embargo, es una de las categorías que menos denuncias falsas recibe.

La realidad de la violencia de género es que hay una gran mayoría de mujeres que no denuncian por varias razones: miedo a perder a los hijos, vulnerabilidad emocional, amenazas, dependencia económica, no tener apoyos en el proceso de denuncia o incluso miedo a ser asesinadas.

Muchas mujeres lo único que quieren es abandonar el calvario que supone esa relación, al abrir un proceso judicial, desconectar de ese infierno es imposible. Asimismo, no quieren perjudicar al que ha sido su pareja o incluso el padre de sus hijxs, por lo que prefieren no recurrir a medidas legales. Según datos de 2015, el 44% de mujeres que sufren violencia de género, prefieren no denunciar.

Por supuesto que hay que rechazar las mentiras y por supuesto que hay que ser consciente de que una denuncia falsa mancha toda la ley en protección de las mujeres que sufren violencias machistas, pero focalizarnos en las denuncias falsas, cuando es un porcentaje tan pequeño y mientras muchas mujeres se quedan calladas, desamparadas y reciben un mensaje desesperanzador desde la justicia, no ayuda a acabar con este problema.

4. Tengo un amigo que el primo de su vecino ha sido denunciado por su novia-mujer falsamente.

Bueno, creo que arriba ha quedado demostrado que el porcentaje de denuncias falsas es muy reducido. Si realmente conoces (conoces de verdad, no amigo de amigo del primo de un amigo de mi pueblo) un hombre dentro de ese 0,0075% de denuncias falsas, lo siento. De verdad que lo siento, y espero que el sistema judicial de respuesta a esa injusticia.

Pero, es posible, que ese hombre que conoces no sea una denuncia falsa, ¿qué te parece si en vez de cuestionarle siempre a ella, le cuestionamos a él? Me remito a tema de porcentajes y probabilidades. Quiero decir, cuando sale este tema, con otras mujeres hablamos de que en algún momento hemos sufrido algún tipo de maltrato, en su gran mayoría psicológico. Pero también conozco (en vínculo directo) un alto porcentaje de mujeres de mi entorno que han sufrido violencia psicológica, sexual, económica y física; peeeeeeeeeeeeero no conozco en primera línea a ningún hombre que reconozca haber ejercido maltrato. Por tema de probabilidades algo no encaja ¿no? ¿Acaso hay cuatro maltratadores en el mundo que se emparejan con todas las mujeres que confiesan haber sufrido maltrato? O, quizás, como idea, puede ser que haya hombres maltratadores que no digan "soy un maltratador" ¿no?

De hecho, alguna vez me han venido con la historia de “a un amigo le pusieron una denuncia falsa” y luego al tiempo me han dicho “bueno, resulta que tras conocer mejor a la novia y ver la relación, sí que había maltrato”. Un amigo tuyo es muy raro que se vaya a autodefinir como maltratador, porque posiblemente no lo vaya a reconocer abiertamente y además él no se verá así. Cuando estuve en penitenciaría, los condenados por violencia de género, y hablamos de condenas de años por asesinato, defendían a capa y espada que ellos eran un caso de denuncia falsa.

Es obvio que el decir "me han puesto una denuncia falsa" es una estrategia para que la sociedad no les de la espalda, para tachar de loca a la ex y para no ser etiquetado como un maltratador.

5. Yo no sufro violencia de género porque mi pareja no me pega - Yo no maltrato porque yo no pego a mi pareja

"No solo duelen los golpes" es el título del monólogo de Pamela Palenciano donde relata su historia de maltrato durante la adolescencia. Totalmente recomendable. Como bien explica ella, los golpes o el asesinato son solo la punta del iceberg que supone la violencia de género.

Tenemos muy identificada la violencia física, es lo primero que se rechaza socialmente. Los anuncios y las campañas de prevención muestran muchas veces a mujeres llenas de moratones o escondidas en un rincón con una mano amenazante. Sin embargo, hay muchos otros tipos de violencias, más sutiles que se hacen más difíciles de identificar.

El control, los ataques de celos injustificados, el aislamiento de la familia y lxs amigxs, los insultos, ignorar, manipular, el chantaje emocional, culpabilizar, no aceptar un no, no querer usar métodos anticonceptivos, obligar a mantener relaciones sexuales, abandonar en sitios públicos, romper cosas valiosas... También son violencia.

6. Los maltratadores son alcohólicos, consumen drogas, tienen problemas de salud mental, o provienen de ambientes familiares desestructurados.

A los hombres maltratadores solo les une una única cosa, y es las creencias machistas, el odio hacia las mujeres y la legitimización de la violencia hacia ellas.

Puede ser que el hombre consuma, tenga un problema mental o algún trauma previo, pero eso ni es justificación ni pasa siempre. Si un hombre fuera violento y eso justificara la violencia hacia su pareja mujer, esta violencia se vería en otros ambientes y hacia otras personas. Pero no, qué casualidad que ese hombre solo ejerce violencia hacia una persona concreta, entonces el problema no es el alcohol o su enfermedad mental, el problema es su machismo. Y luego por supuesto, hay hombres que consumen o tienen una enfermedad mental pero no agreden a nadie.

Socialmente es más fácil creer que son casos aislados, porque ayuda a pensar que es un problema individual y no un problema colectivo y estructural, como dice a Ana de Miguel “los casos se interpretan como extravíos individuales, patológicos o excepcionales que carecen de significado colectivo”.

7. Las mujeres que sufren violencia de género tienen un bajo nivel socioeconómico, sin estudios, sin recursos, hijas de parejas donde ha habido maltrato.

La violencia de género no entiende de perfiles. Es un problema estructural y que se vive a nivel transversal, por tanto no depende de la educación, del nivel económico, de la historia familiar... Como en todo, hay ciertos factores de riesgo, pero tenerlos no implica ser víctima de violencia de género directamente. Ni no tenerlos, no serlo nunca.

Hacer perfiles, tanto para ellos como para ellas, solo sirve para estigmatizar y para que las personas que no cumplen ese perfil no se den por aludidas.

En maltratadores, es lo que yo llamo el "síndrome del buen vecino". Como no aparenta tener ningún problema, como en otros ámbitos de la vida no es un hombre conflictivo, como todo se limita al domicilio, como no encaja en ese perfil, no puede ser un maltratador. De esta manera, negamos el maltrato y cuestionamos a la víctima.

En las mujeres repercute en no auto-identificarse como víctima. Por propia experiencia, caemos en el "como yo siendo psicóloga, formada en género, feminista, con estudios, con una familia donde no ha habido violencia... como yo he permitido esto". Rozalén lo explica muy bien cada vez que habla de su canción de La Puerta Violeta.

Primero no piensas que estás sufriendo maltrato, luego se produce un rechazo de la sociedad porque no encajas en el perfil y además te da vergüenza admitirlo, y por último te auto-culpabilizas y te cupabilizan porque no deberías haberlo permitido. Es decir, el "síndrome de como-tu-que...", lo cual cae como una losa.

Marisa Soleto dice lo siguiente cuando habla de perfiles: "Es un crimen ideológico, y los factores causales tienen que ver con valores y con una posición de poder y de sometimiento".

8. Las mujeres víctimas en realidad les gusta la violencia en la relación. O son tontas, porque siempre vuelven con él.

En la violencia de género se generan unas dinámicas de “tira y afloja” muy potentes. El círculo de la violencia genera también un aturdimiento y una dependencia emocional por parte de la víctima. La violencia de género tiene unos mecanismos muy complejos que van más allá del “quiero dejarlo y lo hago y lo consigo así de fácil”. Hay muchas razones por las cuales una mujer no puede dejar una relación de violencia o vuelve después de un episodio de violencia.

No es que la mujer sea tonta o masoquista, es que hay mecanismos de chantaje emocional, de pedir perdón y prometer cambio, de cuando estamos bien te hago ver que estamos muy muy muy bien… que actúan de una forma muy potente. Resumiendo, lo que se conoce como el ciclo de la violencia y Lola Vendetta explica muy bien en esta viñeta:

Además, la violencia no se hace visible en la primera cita. No llegas a conocer a esa persona y te pega una paliza, porque entonces no volverías a quedar con él. Se produce una escalada de la violencia sutil y gradual, mientras crece y cultiva el vínculo emocional y relacional. Os dejo aquí un vídeo que lo explica bastante bien:

https://www.youtube.com/watch?v=IpaabDdQNO8

En esta sociedad, las personas que hemos nacido con útero, vagina y vulva🔻(o que somos leídas como mujeres) sufrimos un tipo de violencia específica desde el día que llegamos al mundo (👂🏽⛏). Y estamos ya hasta el coño de tanta mierda 💩

✋🏽Por eso estamos aquí otro 25N, de pie, plantando cara a las violencias machistas. Estamos hartxs de todo tipo de agresiones hacia nuestros cuerpos: ideales de belleza fuera del alcance, hipersexualización (pero no seas demasiado guarra), cosificación, violencia obstétrica, violencia ginecológica, prohibirnos decidir sobre nuestro cuerpo, invisbilización, sistema prostitucional y trata, abusos y agresiones sexuales, violación, mutilación genital femenina… y todo tipo de violencias machistas en definitiva.

Sin embargo, hay esperanza. Por todas las mujeres que salieron de esta violencia y son SUPERVIVIENTES. Por todos los hombres que denunciaron actitudes violentas en compañeros y dieron un paso al frente. Nuevas formas de amor son posibles, nuevos roles, nuevas masculinidades. Relaciones igualitarias y de buentrato ❤️👌🏽

🤜🏼🤛🏼Trabajamos por una sociedad concienciada, que no de la espalda a la mujer. Por unas instituciones y un sistema legal que acojan y acompañen a las supervivientes. Por dinamitar 💣 los roles tradicionales en hombres y mujeres que fomentan relaciones de maltrato. Por un cambio de mentalidad y de sistema que sea igualitario y sin violencias hacia las mujeres*

Seguiremos trabajando para erradicarla. Aunque no nos dejen. Seguiremos luchando por un día en el que el 25N ya no haga falta 💪🏽💜 #25n #niunamenos

Jornadas de Sexualidad Campus de Teruel

Jornadas de Sexualidad Campus de Teruel

Ayer 22 de noviembre volví a mi facultad en Teruel gracias a las Jornadas de Sexualidad que organizaron PSICARA - Psicología Aragonesa en Acción - una asociación organizada por estudiantes y ex-estudiantes del grado de Psicología en Teruel.

Las jornadas contaban con este cartelazo:

 

Fui invitada para las sesiones de la tarde y habíamos decidido hacer un taller para explicar en qué consiste el proyecto de (Pre)Adolescencias 4.0 y como trabajar la educación afectivo-sexual con la adolescencia desde la psicología, con un enfoque de igualdad, diversidad sexual e integral.

Después de toda la mañana cerrando talleres en un instituto, el viaje a Teruel, las dos sesiones y el viaje de vuelta... acabé agotada pero contenta. Ahora mirándolo con más tranquilidad... estoy aún más contenta.

Volver a casa, a mi facultad, fue muy bonico. Ver a psicólogxs y estudiantes de psicología, escucharles, acordarme de cómo estaba yo hace 5 años ahí sentada... y conocer a lxs cracks de PSICARA para saber un poquito más sobre todo lo que hacen, su esfuerzo por impulsar la psicología en Teruel, sus ganas de trabajar para el resto y mejorar el grado. Ojalá a los de mi generación se nos hubiera ocurrido algo así.

Los talleres... dieron para mucho:

  • Reflexionamos sobre nuestra propia adolescencia, cómo vivíamos la sexualidad en esa época, si recibimos educación sexual o no, cuáles eran nuestros miedos y nuestros intereses...
  • Hablamos sobre la importancia de traer a nuestrx yo adolescente cuando trabajamos con la adolescencia, a eliminar el adultismo y a cómo conectar con la #GeneraciónEncontrada como tanto dice La Psicowoman.
  • La importancia de actuar como facilitadorx en los trabajos en grupo y escuchar lo que realmente necesita la chavalería. En dar valor a los comentarios, actitudes, cambios y pensamientos taaaaan potentes que se escuchan en las aulas.
  • Kind reminder para todxs lxs futuros y actuales psicólogxs y para el profesorado del grado sobre lo importante que es tener perspectiva de género y formarse en ello trabajemos en el medio que sea, o con el tipo de población que sea.
  • Revisamos el concepto de virginidad, de las relaciones sexuales, de la diversidad.
  • Algunas no se pudieron resistir a poner un condón a un plátano porque nunca habían recibido ningún tipo de educación afectivo sexual y tenían ganas de hacerlo.
  • Llegamos a la conclusión de que todo es Fucking Money Man y eso repercute en nuestra autoestima, nuestra manera de vivir al sexualidad y nuestro cuerpo.
  • También que hay tantas vulvas y tantos penes como cara. La visibilización de otros cuerpos, de otras realidades y de otros genitales.
  • La presión que reciben las personas con pene sobre el tamaño, aguantar, la erección, estar siempre disponibles para el sexo...
  • Nos llevamos que "la no educación sexual no existe" y que la educación afectivo sexual es un derecho.
  • La mierda que es la norma y los roles y lo guay que puede ser salirse de LO N-O-R-M-A-L.
  • De referentes, de series, películas y pornografía.
  • Y muchas cosas más

Llevo un mes de noviembre super intenso y muy retador-emotivo-guay, y las sesiones de la jornada de ayer fue la guinda del pastel.

Mil gracias a todxs lxs que vinisteis y a lxs organizadores, porque por cosas así avanzamos!

Lo N-O-R-M-A-L es…

Lo N-O-R-M-A-L es…

Muchas veces he oído en terapia eso de "yo lo único que quiero es ser normal". NO-RRR-MALL. Pronunciando la R con fuerza. Pero ¿qué es ser normal?

Precisamente de esa preocupación y de ese sentimiento de querer seguir la norma es de donde derivan muchos malestares emocionales y sociales. Encajar en una definición, seguir a la mayoría, hacer lo que se presupone que tenemos que hacer, marcar cierta diferencia por ser original, pero no demasiado… En definitiva, no ser marcados como un bicho raro o una excepción. Y cuando nuestro "yo real" no está dentro de ese "yo normativo" por cualquier razón, se produce una penalización (al menos por parte de la sociedad) que nos recuerda que estás fuera. FUERA. Fuera del grupo, fuera de la sociedad, fuera de tus iguales. Fuera porque hay algo mal en ti. Lo cual repercute en la autoestima, en el sentido de pertenencia y en el yo en sí mismo.

Según la RAE normal significa:

  1. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.
  2. Habitual u ordinario.
  3. Que sirve de norma o regla.
  4. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Es decir, que lo normal es lo que sigue unas normas sociales que se han puesto con anterioridad. Estas normas pueden estar basadas en un hecho mayoritario o no, ya que son establecidas de manera arbitraria. Aquellxs que hacen las normas, las hacen en base a su propio criterio, por tanto, su forma de ser se establece como la normal. Asimismo, lo normal y las normas están sujetas a una cultura, un momento histórico y una sociedad, por eso ha cambiado a lo largo de los años y por eso está en continuo cambio actualmente.

Éstas pueden ser útiles para establecer un orden, para organizar nuestra cabeza en base al mundo que tenemos alrededor y simplificar cosas. Pero también pueden dejar fuera a otra gran parte de la sociedad, que dentro de su diversidad individual, no encajan en esa norma. Además, sirven para justificar opresiones, discriminaciones y todo tipo de conductas de miedo hacia lo diverso (machismo, LGTBIQA+fóbias, xenofobia, aporofobia, racismo…)

Lo normal es que a las mujeres le gusten los hombres y a los hombres las mujeres.

Lo normal es que los hombres estén en los puestos altos de los gobiernos y de las grandes empresas.

Lo normal es ser cis.

Lo normal es pagar una hipoteca cuando tienes más de 30.

Lo normal es casarse.

Lo normal es tener hijxs.

Lo normal es ir a la universidad.

Lo normal es ser blancx y no racializadx. O si no lo eres, quedarte en tu país de nacimiento.

Lo normal es no tener ninguna diversidad funcional.

Lo normal es que las mujeres puedan llorar en público pero los hombres no.

Lo normal es tener un padre y una madre.

Lo normal es trabajar para una gran empresa.

Lo normal es querer más y más dinero.

Lo normal es que las mujeres se ocupen, en exclusiva, de los cuidados.

Lo normal es que los niños vayan de azul y las niñas de rosa.

Lo normal es estar siempre bien y alegre.

Lo normal es no tener problemas.

VAMOS, ¡LO NORMAL!

También veo en terapia un conjunto de actitudes, pensamientos o sentires que no están recogidos en la norma. En ser normal. Sin embargo, por eso no son menos válidos. Por un lado, porque si tú te sientes diferente a la norma y esto no implica una falta de libertad para los demás ¿qué problema hay? Por otro, es bastante común sentirse no normal, es decir, que esa normalidad es ficticia, es solo un concepto, y es tan tan tan tan restrictiva, tan limitante, que deja a muchísima gente fuera. La diversidad aporta muchísimo más que tener a mil clones haciendo, diciendo y sintiendo lo mismo.

La norma invisibiliza otras realidades. La norma es una mierda. Ser normal no tiene porque ser nuestro objetivo, te puedes pasar toda tu vida comportándote normal y pretendiendo que eres normal para buscar la aceptación. Fingiendo normalidad. Apartando y negando una parte de ti mismx. ¿Para qué? ¿Para qué buscar la aceptación a través una norma que genera un dolor interno? ¿Para qué buscar una normalidad que te oprime simplemente porque hay gente que ha decidido que eso es lo “normal”?

No sé por qué tanta gente tiene miedo a lo que no encaja en sus normas, cuando seguramente ellxs mismxs se han sentido no-normales en alguna situación. En la diversidad está la gracia, la chicha del asunto. Comprender que hay más realidades de las que nos hacen ver, aprender de otras visiones, de otras experiencias distintas a las nuestras y valorar lo otro.

Hablar de lo que hay más allá de la norma, no es atacar a las personas que sí consideran que encajan en la norma. Para nada. Es simplemente abrir el espectro y nuestro mundo para que cada uno se pueda sentir libre. La libertad de salirse de la norma cuándo y cómo lo necesite, sin que la sociedad lo persiga y reduciendo un posible malestar interno.

Así que tranquilos, todos nos hemos sentido no normales, y eso no es malo. Buscar la diferencia, hablar de diversidad, de otras visiones y luchar por ello solo pretende abrir la sociedad a una mayor tolerancia. Disminuir el rechazo y el dolor que genera estar fuera de la norma. Es una lucha que no ataca a la individualidad, que no pretende cambiar a las personas que encajan en la norma, sino ampliar. Hacer posible que las elecciones personales sean más libres sin cuestionarlas.

Como dice Jara Pérez López en su libro La locura como super poder:

Normal es solo un programa de la lavadora.

#YoTampocoSoyNormal